Chocó: raza, sociedad y élites políticas

Por: Margarita Montoya
Antropóloga de la Universidad de los Andes y Magíster en Historia de la Universidad Nacional

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El proceso de construcción de la nación colombiana se ha realizado a partir de una gran diversidad cultural, étnica y territorial. Asimismo, la construcción de sociedades, identidades y poderes locales son producto de las peculiaridades de los procesos experimentados por grupos humanos que se identifican con su espacio geográfico, historias particularmente vividas, relaciones de poder, economías y prácticas sociales diversas.

El presente artículo analiza la historia chocoana desde la perspectiva del particular proceso de construcción de su sociedad, de sus identidades y de sus poderes locales, hasta su configuración como departamento en 1947, respondiendo las siguientes preguntas: ¿Cómo se desarrolla el proceso de construcción de la sociedad, de las identidades y de las minorías rectoras en lo económico y en lo político en el Chocó?, ¿Cómo atraviesa lo racial a todos estos procesos?, y finalmente, ¿Cuáles son las condiciones sociales y económicas que posibilitan una renovación de la élite política durante los años treinta y de qué manera se lleva a cabo este proceso?

De la Colonia al siglo XIX

El territorio que hoy constituye el Chocó fue uno de los primeros explorados en Tierra Firme; sin embargo, las dificultades presentadas por su topografía y clima, unidas a las continuas rebeliones de la población nativa y a las dificultades para su sometimiento, contribuyeron a que la conquista fuera muy prolongada, y su ocupación, lenta y tardía.

La ocupación efectiva solo se realizó a partir de la última década del siglo XVII, cuando, estimulados por la riqueza de los yacimientos auríferos, llegan a este territorio mineros del Alto Cauca, de los alrededores de Anserma, Cartago, Cali y especialmente de Popayán con sus cuadrillas de esclavos para trabajar en los depósitos aluviales de oro del alto San Juan y del Atrato, con el propósito de iniciar una explotación minera a gran escala.

Esta ocupación, estimulada por la producción de oro, se limitó al establecimiento de asentamientos mineros, reales de minas, caracterizados por ser dispersos, provisorios e inestables. El poblamiento seguía un patrón ribereño, los ríos servían como senderos naturales y las minas usualmente estaban ubicadas a lo largo de las corrientes: “La población seguía los ríos, el oro y las rutas de aprovisionamiento” ¹.

Esta dispersión de la población proporcionó a la región un aspecto de frontera permanente. Con una serie de campos mineros y bodegas comerciales, el Chocó nunca tuvo un gran centro de población ni lugar que pudiera ser designado como ciudad durante todo el período colonial. Ningún pueblo fue lo suficientemente grande para merecer tener un cabildo ².

Nóvita, sobre el río Tamaná, afluente del San Juan, y Citará o San Francisco de Quibdó, a orillas del Atrato (antiguos campamentos mineros), se convirtieron en los núcleos administrativos con jurisdicción política y religiosa sobre los reales de minas, ubicados en las dos provincias separadas geográficamente y unidas por el istmo de San Juan.

El aislamiento físico del Chocó respecto de otras regiones y del interior de la Nueva Granada, debido a las barreras naturales que presentaban las montañas, la selva y los ríos, implicó que los lazos con las autoridades del virreinato fueran muy débiles. Prácticamente cada español era su propio amo, ya fuera minero, mercader u oficial ³.

Este aislamiento, unido al clima y a las enfermedades, conservó bajo el volumen de la población e hizo poco atractivo el vivir en el Chocó. Los blancos que residían en el Chocó eran generalmente pequeños mineros, oficiales de la Corona, sacerdotes y comerciantes. Los ricos propietarios de minas y dueños de las grandes cuadrillas de esclavos invariablemente vivían fuera del Chocó, en los pueblos del interior de la Nueva Granada como Buga, Cartago, Cali, Anserma, Popayán y aun en Santafé de Bogotá.

La población indígena, que sufrió una fuerte disminución demográfica desde los primeros años de la conquista, vivía apartada del poblamiento colonial, pero su fuerza de trabajo se explotaba en la construcción de vivienda, el transporte y en los cultivos para aprovisionar los campamentos mineros.

Durante todo el periodo colonial, el Chocó nunca dejó de ser una zona minera, con una población escasa y dispersa, sin poblados de importancia, aislada y marginada de los centros de comercio, educación y gobierno de la Nueva Granada, a pesar de su enorme riqueza aurífera. Ello llevó a Mollien, en 1823, a afirmar sobre el Chocó: “En medio de tantas riquezas, el hombre, sin embargo, es pobre y desgraciado” ⁴, y a Cochrane, en 1824, a asombrarse de la ausencia de libros en Nóvita: “Quería leer algo pero aún en la casa más distinguida, en la que yo vivía, no había ningún libro” ⁵.

También durante toda la Colonia este territorio giró espacialmente en torno a Popayán como centro político-administrativo y económicamente en torno a la estructura de la hacienda esclavista del Valle del Cauca.

Para la época de la Independencia, la minería esclavista chocoana presentaba ya signos de debilitamiento y la coyuntura revolucionaria favoreció la emancipación y huida de los esclavos. Las leyes de libertad de vientres y manumisión contribuyeron a menoscabarla; sin embargo, la explotación aurífera con cuadrillas de esclavos negros sobrevivió hasta la abolición de la esclavitud en 1851.

Durante todo el siglo XIX se desarrolló un proceso de desplazamiento de la población negra liberta con el objetivo de ocupar terrenos baldíos. Este proceso se inicia desde finales del siglo anterior, pero se hizo masivo a partir de la Ley de Abolición de la Esclavitud en 1851, generando transformaciones espaciales y cambios en los patrones de asentamiento. Durante la última mitad del siglo, los negros fueron desplazando a los indígenas de sus territorios. Indígenas Chocó y Wounaan de la Serranía del Baudó empezaron a retirarse a las cabeceras de los ríos por la penetración negra en las mejores tierras agrícolas en los cursos bajos de los mismos ⁶ ⁷.

Esta colonización se realizó desmontando las tierras agrícolas de la selva, combinando con frecuencia la cacería, la pesca y la agricultura de subsistencia con el mazamorreo del oro de aluviones y la extracción de productos de la selva como caucho, quinas y resinas.

De esta manera, los negros libertos construyeron su propio estilo de vida y, conscientemente o no, se negaron a proporcionar la fuerza de trabajo que los blancos requerían. La forma de vida de estos colonos fue descrita de la siguiente manera por Agustín Codazzi:

“El plátano, un poco de maíz y unas matas de cacao y caña, apenas sirven para el consumo cotidiano al paso que abundan el pescado y los marranos de monte.

El descendiente de la raza africana solo se contenta con estas cosas; sus necesidades, pues, son casi ningunas. Desnudo vive el hombre, y la mujer con una simple paruma o guayuco, o un trapo amarrado a la cintura; con las palmas que tiene a mano hace sus chozas miserables y la corteza del árbol damagua es su cama, una cobija pastusa le sirve de noche de único abrigo. Cuando quiere una familia comprarse una muda de ropa, va a los ríos y quebradas auríferas y con las bateas en mano se sumergen para sacar las arenas, o bien cogen de las orillas y lavan, hasta que sacan los castellanos de oro que creen necesarios para sus compras, volviendo luego a sus casas a disfrutar del dulce far niente, fumando, conversando, durmiendo y por placer el hombre a veces recorre el monte en busca del zaino y del tatabro, mientras la mujer en su canoa va a visitar a las comadres” ⁸.

Para finales del siglo XIX, la distribución espacial de la población en el Chocó, de manera general, se había localizado racialmente. Mientras los indígenas se ubicaron en los lugares más apartados en las cabeceras de los ríos, los negros y mulatos ocupaban los cursos bajos de los mismos y las riberas de las numerosas corrientes fluviales. Los blancos, que no se retiraron del Chocó ante la caída de la minería esclavista, ocuparon, fundamentalmente, los centros urbanos dedicándose a actividades mercantiles, burocráticas y políticas.

En Quibdó existía un importante núcleo de comerciantes blancos, dueños de casas comerciales que movilizaban mercancías entre Quibdó, Cartagena y Medellín. Además de comprar oro, platino, caucho, café y cacao y vender billetes del Banco Nacional y letras de cambio sobre Bogotá, Medellín y Cartagena, ofrecían una gran variedad de mercancías inglesas, francesas, alemanas y belgas a todas las poblaciones del Atrato y del San Juan ⁹. A ellos se refería Jorge Brisson, en su diario de viaje, de la siguiente manera:

“Tuve el gusto de trabar amistad con varios negociantes, como los señores Eladio, Leoncio y Enrique Ferrer, caballeros de fino y agradable trato. Encuentro allí reunida una distinguida y culta sociedad que me ha hecho parecer muy cortos los dos días de mi permanencia en Quibdó” ¹⁰.

Las posibilidades económicas de la explotación minera y el comercio también atrajeron tempranamente a inmigrantes sirio-libaneses al Chocó. En la década de 1880 llegaron y se establecieron en Quibdó e Istmina, respectivamente, los Meluk y los Rumié de Damasco, y un poco más tarde los Abuchar. Como la mayoría de los primeros inmigrantes sirio-libaneses en Colombia fueron, en general, hombres jóvenes solteros, contrajeron matrimonio con chocoanas blancas, integrándose rápidamente a la sociedad de la región ¹¹.

En algunos casos, como el de los Abuchar o los Meluk, llegaron con algún capital y a finales de siglo ya habían establecido negocios de éxito. En 1899, Salomón Abuchar había tomado posesión de baldíos en la región del Atrato y se dedicaba a la ganadería y al cultivo de cacao y caucho ¹². Amin y Tufik Meluk fundaron una casa comercial en 1894 con sede en Cartagena y Quibdó, dedicada a la importación de telas, víveres, ferretería, etc., y a la exportación de platino, oro, caucho e ipecacuana ¹³. Estos primeros inmigrantes fueron seguidos por una ola migratoria más importante a comienzos de siglo, cuyos miembros desempeñaron un importante papel en la historia chocoana de las primeras décadas del siglo XX.

La sociedad chocoana de finales del siglo XIX era una sociedad estratificada étnicamente y compuesta por tres grupos raciales claramente identificados, y por un grupo de mestizos que no parece haber sido muy numeroso. Para Wade, esta situación tuvo su origen en el carácter de la sociedad colonial y en la naturaleza del régimen esclavista establecido en el Chocó, los cuales produjeron que la discriminación racial fuera muy marcada y el mestizaje físico-racial muy limitado ¹⁴.

De manera que al finalizar el siglo existía una élite blanca, numéricamente minoritaria, compuesta por descendientes de los antiguos propietarios coloniales de los reales de minas y por familias que arribaron a lo largo del siglo XIX atraídas por el oro, las riquezas de las selvas chocoanas y las posibilidades comerciales, y por la aún incipiente inmigración sirio-libanesa. Esta minoría, que controlaba las actividades comerciales, los puestos burocráticos, la política y la cultura, mantenía algunos vínculos con el interior del país y con la Costa Atlántica, especialmente con Cartagena. Mientras tanto, la gran mayoría, compuesta por negros (descendientes de los antiguos esclavos), mulatos e indígenas, vivía al margen de las actividades comerciales, políticas y culturales.

En el aspecto político se desarrolló la afiliación mayoritaria del territorio con el Partido Liberal. La pertenencia a un grupo político local o regional fue un vehículo de pertenencia a la nación. Los modelos regionales de poderío partidario permitieron una vinculación colectiva hereditaria y conformista a un partido determinado ¹⁵. Ello se fortaleció con la adhesión de los antiguos esclavos al partido que impulsó la Ley de Abolición de la Esclavitud e hizo crecer la influencia del naciente partido en el Chocó. Durante la Guerra de los Mil Días, los chocoanos participaron del lado del liberalismo, conformando varios grupos guerrilleros:

“…se desconoció a las autoridades constituidas y se puso en armas, y el gobierno no pudo pacificarlo durante tres años, a pesar de que lo amenazó por todas partes, porque por las trochas intransitables de esa época le fue imposible traer a esta ciudad las fuerzas necesarias para conseguir ese objeto” ¹⁶.

La lucha parece haber sido muy exacerbada, ya que incluso los capuchinos, que desde 1881 cumplían misión en el Chocó, fueron expulsados por los liberales ¹⁷.

Los albores del nuevo siglo

El siglo XX se inicia en el Chocó con la legitimación de su existencia como una entidad territorial independiente, constituida por sus dos históricas provincias: Atrato y San Juan, por medio de su constitución como Intendencia, el 10 de enero de 1907.

Este acontecimiento se inscribe dentro de un proceso de división territorial llevado a cabo por el gobierno del General Reyes, quien pretendía disolver las unidades territoriales mayores, como el Gran Cauca, y así eliminar esas tradicionales entidades rivales, competidoras y adversarias del gobierno central para reforzar la tendencia hacia una fuerte unidad nacional, ya que a pesar del elevado grado de centralización política alcanzado con la Constitución de 1886, los antiguos Estados continuaron funcionando como entidades independientes ligadas al resto de la República solamente para efectos internacionales ¹⁸. Uno de los aspectos que influyó de manera determinante en erigir al Chocó en Intendencia fue, sin duda, el temor de la clase dirigente nacional de que este territorio siguiera el sendero independentista de Panamá.

El régimen intendencial contemplaba un carácter misional y catequizador; de acuerdo con ello se creó el Vicariato Apostólico del Chocó, el 28 de abril de 1908, encomendado a los misioneros Hijos del Sagrado Corazón de María, cuya influencia en la vida de la intendencia fue muy fuerte desde sus orígenes.

Con el nuevo siglo, la actividad de navegación entre Quibdó y Cartagena se había regularizado a través de la compañía de Diego Martínez & Cía., la cual obtuvo a partir de 1905 el privilegio exclusivo de navegación por la ruta Quibdó-Cartagena ¹⁹. Con lo cual se fortalecieron los vínculos en torno a Cartagena. Ello estimuló de manera notable el comercio y la aparición de numerosas casas comerciales con sedes en Cartagena, Quibdó, Istmina y Condoto, que comerciaban con oro y transporte de mercancías.

Aunque las principales ocupaciones de los chocoanos seguían siendo el comercio, la minería y las actividades extractivas de los productos de las ricas selvas, empezó a desarrollarse una incipiente agricultura y la producción de diversos artículos en pequeños talleres, como lo afirma el gobernador Guillermo O. Hurtado en un informe de 1909:

“…en los centros de población había sastrerías, zapaterías, herrerías, carpinterías, platerías, hojalaterías, fondas, agencias, etc. En Quibdó tienen los señores Zúñiga y Ángel una valiosa y útil fábrica de muebles de madera, movida por vapor, que hace honor al país. Funcionan molinos de aserrar en Quibdó, Sautatá, Titumate, Malaguita y el Quícharo, cada uno de los cuales puede producir diariamente hasta 250 piezas de 4 metros cada una en tablas o cuartones. Se han introducido maquinarias para beneficiar arroz y yuca, fabricar aguas gaseosas y limonadas, pastas para sopas, velas estéaricas, jabón y hielo” ²⁰.

Los hermanos Zúñiga, empresarios en varios campos, trajeron tempranamente el cine al Chocó. El cinematógrafo hizo su aparición en Quibdó en noviembre de 1914, cuando en el Salón Colombia se proyectó por primera vez una película, lo cual contribuyó a acercar a esta lejana población sumida entre la selva al mundo. Lo mismo ocurrió con el establecimiento de la telegrafía nacional, realizado desde 1907, que además de unir al Chocó con el resto del país permitió la comunicación entre Istmina y Quibdó. La instalación del telégrafo fue de gran valor para el desarrollo de la actividad periodística, un aliado que la acercó al contexto mundial ²¹.

En el aspecto agrícola se destacaron dos intentos importantes por realizar una producción a gran escala para el mercado por parte de sirio-libaneses: la Hacienda “El Progreso”, cerca de Baudó, de propiedad de los Meluk, con “una de las mejores siembras de caucho del país, cuyos productos fueron premiados con diploma de primera clase y la única medalla de oro para la agricultura en la exposición de Cartagena de 1916” ²², y la Hacienda de Sautatá, de propiedad de Abuchar Hermanos, con plantaciones de caucho, caña de azúcar y aserradero de maderas finas ²³, que años más tarde se convirtió en el primer proyecto industrial del Chocó con la creación del Ingenio de Sautatá.

En el aspecto social es importante destacar que durante los primeros años del siglo se consolidó una élite regional blanca que poseía el poder y la riqueza. La Carrera Primera de Quibdó era el sitio que simbolizaba la riqueza blanca. La Carrera Primera estaba ubicada a lo largo de la ribera del Atrato, en donde atracaban los barcos llegados de Cartagena con finas mercancías europeas y de donde partían cargados de oro, platino, caucho, raicilla, tagua, maderas, etc. En la Carrera Primera estaban las casas de madera de la élite blanca, con el piso inferior dedicado al comercio y los pisos superiores a la vivienda. Allí los sirvientes negros servían delicados licores y comidas en finas vajillas ²⁴.

La mayoría de los negros eran pobres y de bajo estatus. Sin embargo, así como no todos los blancos eran ricos, también ocurrió que algunos negros y mulatos lograron ascender al estilo de vida de la élite blanca. Entre las dos existía una categoría de mulatos de diversos orígenes y ubicación social. Las posibilidades de ascenso social para los negros estaban restringidas a no transgredir los límites permitidos, como lo demuestra el caso de Manuel Saturio Valencia, quien violó esta regla y se enfrentó a la sociedad blanca fuertemente discriminatoria, hecho que le costó la vida al conducirlo al paredón ²⁵.

Por otra parte, desde comienzos del siglo se desarrolló una verdadera actividad literaria e intelectual que tuvo como protagonistas a la élite blanca, tanto de Quibdó como de Istmina, en la cual desempeñó un papel fundamental la existencia de periódicos como el ABC, al ser el medio de opinión, de comunicación y de difusión fundamental de la vida política, económica y social. Su fundador relata así algunos aspectos sobre la vida de esta publicación:

“En 1913 fundé el periódico A.B.C. en talleres propios, que en un principio tuvo formato pequeño, era semanario y después se convirtió en diario, y en todo el desarrollo de la guerra europea estallada en 1914, alcanzó a circular dos veces al día, para dar información del conflicto, profusamente ilustrado y con los boletines que enviaba exclusivamente la Legación Británica, a las cuales se agregaban las noticias que suministraba ‘Martelo cónsul’ desde New Orleans, y que costeaba el gobierno nacional” ²⁶.

La actividad periodística, asimismo, tuvo un enorme crecimiento en la provincia del San Juan. En Istmina circulaban dos periódicos: El San Juan y el Correo de Istmina, dirigidos por Guillermo Hurtado y Juan J. Carrasco; además de Letras, una revista literaria dirigida por Salomón Salazar y Jorge Botero Saavedra ²⁷.

En síntesis, durante los primeros años del nuevo siglo, el Chocó logró consolidar una existencia como unidad territorial independiente constituida en torno a sus dos históricas provincias del Atrato y del San Juan. A pesar de su aislamiento geográfico, inició el camino de integración a la nacionalidad a través de instituciones como la Iglesia y medios de comunicación como el telégrafo. Asimismo, se hizo más expedita su comunicación con el mundo a través del comercio, el cine y la prensa. En la conformación de una identidad regional y en la creación de una “comunidad imaginada” ²⁸ cumplió un papel fundamental el desarrollo de una prensa local orientada por una clase dirigente blanca dedicada fundamentalmente al comercio y al intercambio de oro y de los productos extraídos de las ricas selvas, por artículos de consumo provenientes del exterior a través de la comunicación por el Atrato con Cartagena. Esta élite blanca realizó los primeros intentos de producción de artículos de consumo y proyectos económicos más ambiciosos como las haciendas de Sautatá y Progreso. Sin embargo, el desarrollo de una minería mecanizada y a gran escala estuvo desde sus inicios asociado al capital extranjero, a través de la Compañía Minera Chocó Pacífico y de su competidora, la British Platinum & Gold Co.

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El auge del comercio del platino (1914 – 1929)

El alza del precio del platino fue una coyuntura ocasionada por el cierre de las minas de los Urales (las más ricas del mundo) como consecuencia de la Primera Guerra Mundial, la Revolución bolchevique y la gran demanda de ese metal generada por el conflicto para la manufactura de productos bélicos. A partir de 1914, como producto de la escasez, se elevaron los precios y el platino del Chocó (una de las pocas regiones del mundo que poseían minas de ese metal) aumentó su valor hasta casi doblar el del oro: “el platino de un tajo llegó a valer mil quinientos pesos oro libra y el Chocó llegó a producir miles de kilos en el año” ²⁹.

Los mineros chocoanos empezaron a buscar afanosamente el metal que antes despreciaban y se llegó a vivir situaciones casi surrealistas, como la búsqueda de los antiguos depósitos de platino, enterrados cuando su valor era escaso, en las calles y plazas de las poblaciones: “Los negros chocoanos se han entregado con furor al mazamorreo de las minas de platino, practicándolo hasta en las calles y solares de Quibdó” ³⁰.

Durante esta época el comercio intendencial llegó a su mayor apogeo y los chocoanos vivieron una época de bonanza y relativa holgura, que permitió la formación de apreciables capitales y de una cierta prosperidad que posibilitó que se produjeran los mayores intentos de la élite blanca por desarrollar la economía: “puede señalarse ese periodo que comienza en el año 14, como la edad de oro de la Intendencia, en que el vórtice de los millones llevó casi a la locura a sus habitantes, que se dieron el lujo y el fausto más refinados” ³¹.

El alza de los precios del platino condujo a que la explotación de oro se hiciera poco rentable. Los precios del platino se mantuvieron altos hasta 1921, cuando se produjo un descenso por varias razones, entre ellas la reanudación de la producción en las minas de los Urales, el descubrimiento de nuevos yacimientos en Alaska y África del Sur, y los avances tecnológicos que permitieron captarlo de otros metales u obtener sustitutos químicos que con ventajas lo desplazaron y disminuyeron su demanda. Sin embargo, su precio, con algunas fluctuaciones, se mantuvo relativamente alto hasta finales de la década del treinta. En 1924, el precio se había estabilizado entre 105 y 112 pesos oro la onza troy ³².

Con los altos precios del platino se consolidó definitivamente la presencia del capital extranjero en la minería chocoana. La Compañía Minera Chocó-Pacífico logró desalojar a la British Platinum & Gold Co. y se consolidó como la mayor exportadora de platino del Chocó, y una de las mayores del mundo, dejando muy escasos beneficios a la economía local, actuando a su antojo y llegando al extremo de despojar de las minas a propietarios nacionales, el cobro de arriendos y el impedimento al secular mazamorreo de los mineros pobres. El segundo lugar lo ocupó la Compañía Rumié Hermanos, empresarios sirio-libaneses que tenían su casa principal en Nueva York. En los centros financieros de Wall Street eran llamados, desde los tiempos de la Gran Guerra, por ser los únicos exportadores mundiales en ese entonces, con el pomposo título de “Los Reyes del Platino”.

Las exportaciones de platino chocoano se hacían por vía aérea, utilizando los rápidos y eficientes servicios de la Scadta. Semanalmente un hidroavión, destinado al servicio de correo y pasajeros en la línea interoceánica, acuatizaba en Andagoya, sede de la gerencia de la compañía minera Chocó-Pacífico, y allí recibía debidamente empacada y sellada por la gerencia y por el agente del resguardo nacional, la preciosa remesa que debía ir hasta el puerto de Cartagena o de Buenaventura, o directamente a Colón a conectar con las líneas trasatlánticas de vapores o con los anfibios de servicio panamericano aéreo. Pero no era la única remesa que salía del Chocó semanalmente, porque el mismo avión acuatizaba en Istmina, donde recibía gruesas cantidades de la firma Rumié Hermanos ³³.

Los años veinte

El Chocó vivió durante este periodo una situación de holgura fiscal debido a que la Ley 6 de 1924 cedió a la Intendencia las rentas propias que hasta entonces se incorporaban como rentas nacionales. Igualmente dispuso un Auxilio Nacional para el fomento de la Intendencia por una suma no inferior a $250.000 anuales ³⁴.

El aumento de las rentas provocadas por la riqueza producida por el alza de los precios del platino y del Auxilio Nacional a $500.000 anuales a partir de 1925 hizo que la Intendencia gozara de una capacidad fiscal considerable y aun superior a la de muchos departamentos: “…ocupó con su presupuesto de 1927, el décimo puesto quedando entre el Atlántico y Magdalena y dejando atrás los departamentos de Nariño, Cauca, Santander del Norte y Huila. El presupuesto de 1928 lo coloca en el noveno sitio” ³⁵. Ello contribuyó para que durante los años veinte se viviera en el Chocó un gran desarrollo de las obras públicas. El intendente Valencia Lozano, en informe al Ministro de Gobierno en 1923, afirmaba que dado el empuje de las obras públicas y el aumento del erario intendencial, se estimaba necesario crear una dirección de obras públicas y adquirir en la Casa de Jones & Co. de Liverpool una máquina mezcladora de cemento y un kilómetro y medio de ferrocarril portátil con seis vagones ³⁶.

En 1924 se elaboró un plan de urbanización y ensanche de Quibdó y a partir de ello se construyeron el Cementerio, la Penitenciaría Anayanci, el Colegio Carrasquilla y la Escuela Modelo ³⁷.

La comunicación con el mundo y el resto del país siguió realizándose a través de dos rutas fundamentales: la una, por el Atrato, hacia Cartagena; la otra, por el San Juan, hacia Buenaventura. La Compañía de Transportes de Mercado Mayolo y Cía. hacía el recorrido de Negría a Buenaventura en dos días, por término medio, en vapores dirigidos por hábiles tripulaciones. Y el recorrido de Quibdó a Cartagena en cómodos vapores duraba entre cuatro a cinco días ³⁸.

En cuanto a la comunicación con Antioquia (por medio de la ruta de Quibdó a Bolívar), a pesar de ser la más antigua de las vías de comunicación proyectadas en el Chocó, ya que los primeros contratistas de la obra levantaron planos desde 1871, continuó siendo un camino de herradura difícil de transitar, aun en mulas. Es por ello que el intendente Miguel Vargas Vásquez en 1925 afirmaba:

“El Chocó quiere verse libre de la penumbra y la medianía en que ha vegetado. Si en alguna parte de Colombia puede gritarse a voz en cuello, y como único programa: Caminos, caminos y caminos, es en el Chocó. A esta tierra le hace falta contacto con el resto del país, para que el espíritu de sus moradores se expanda, para que se abandonen ciertos géneros de vida que si lucrativos temporalmente no crean la riqueza individual que es la cédula del poderío colectivo, para que las tierras del oro y del platino dejen de ser un campo a la ambición silenciosa, que poco a poco lo va acaparando todo…” ³⁹.

A pesar del aislamiento y la ausencia de carreteras, para 1921 se paseaban por las calles de Quibdó varios automóviles, importados por comerciantes de la Carrera Primera.

La sociedad y la política

La sociedad chocoana de los años veinte era una sociedad bastante compleja, en la que seguía superviviendo una fuerte contradicción entre una mayoría negra sin educación y ubicada al margen de la economía, la cultura y de la política ⁴⁰: “Los blancos de la Carrera Primera eran exclusivos para el estudio, eran exclusivos en la política y en la representación del Chocó en el Congreso Nacional” ⁴¹.

La minoría blanca constituía un grupo muy cerrado, endogámico: “La gente blanca se casaba toda entre sí” ⁴², todos eran parientes o tenían algún grado de consanguinidad, debido al aislamiento geográfico y a la supervivencia de muchas costumbres e ideas segregacionistas, heredadas de una larga tradición esclavista. Sin embargo, hubo algunos casos de negros que llegaron a ganar cierta posición social como producto de la acumulación de modestas fortunas en el trabajo de la minería y el comercio.

La élite blanca chocoana, a pesar de su aislamiento, se encontraba ligada al mundo por medio de lazos creados por el comercio: en Quibdó e Istmina se consumían vinos franceses, los mejores brandys, coñacs y manzanas frescas, y se estaba al tanto de la moda reinante en las principales capitales del mundo. También a través de las rutas de comercio llegaron la literatura y las ideas. Se preocuparon por la educación de sus hijos, a quienes enviaron a estudiar carreras profesionales a Medellín, Bogotá, Popayán y en algunos casos a Europa y los Estados Unidos ⁴³.

Esta clase dirigente trabajó por la construcción de una identidad y proporcionó al Chocó una historia y una geografía: “No es gratuito que de 1917 a 1926 se publiquen seis libros de geografía e historia del Chocó” ⁴⁴. Además, de héroes, ideales patrios y de una iconografía. Se construyó un monumento a Bolívar en 1920, como encarnación de la nacionalidad, y un panteón de héroes chocoanos blancos: César Conto ⁴⁵, para cuya glorificación se levantó en el parque Centenario en 1924 un monumento que incluía su escultura: “en el interior de un templete con columnas de inspiración jónica, cubierto con cúpula coronada con un águila imperial” ⁴⁶; y Ricardo Carrasquilla ⁴⁷, en cuyo honor la Intendencia celebró en 1927 el Centenario de su nacimiento con un programa de fiestas que duró cinco días y se “adquirió en el cruce de la carrera tercera con la calle quinta el lote de terreno que recibió el nombre de ‘Plazuela Carrasquilla’, con el objeto de erigir allí un busto al benemérito quibdoseño” ⁴⁸.

También, durante la década del veinte, se inició la celebración de las fiestas de San Francisco, el patrono de Quibdó. Fiestas que eran organizadas por una Junta encargada de los festejos y de la cual hacían parte destacados miembros de la sociedad blanca de Quibdó ⁴⁹.

Asimismo, durante esta década un grupo de negros y mulatos se constituyeron en la primera generación con acceso a la educación secundaria y profesional. En 1923, en el Colegio Carrasquilla adelantaban su bachillerato el grupo que conformaría en la década siguiente la dirigencia política del Chocó, con una destacada actuación a nivel nacional: Adán Arriaga Andrade, Ramón Mosquera Rivas, Daniel Valois Arce, Diego Luis Córdoba y Ramón Lozano Garcés, entre otros ⁵⁰. La formación de esta primera generación de profesionales negros y mulatos se produjo, en algunos casos, gracias al éxito económico de algunos negros en el comercio y la minería, lo cual les permitió pagar la educación a sus hijos; y en otros casos, fueron los méritos académicos los que dieron la posibilidad de acceder a becas proporcionadas por la Intendencia.

Notas y Referencias

  1. William F. Sharp. Forsaken by Gold: An Economic Study of Slavery and Mining in the Colombian Chocó 1680-1810. Chapel Hill, University of North Carolina, Department of History, 1970, p. 11.
  2. Ibid., p. 13.
  3. William F. Sharp. “Manumisión, libres y resistencia negra”. Colombia Pacífico. Tomo II. Bogotá, Fondo FEN Colombia, 1994, p. 410.
  4. Gaspard-Théodore Mollien. Viaje por la República de Colombia en 1823. Bogotá, Biblioteca V Centenario-Colcultura, 1992, p. 324.
  5. Charles Stuart Cochrane. Viajes por Colombia 1823-1824. Bogotá, Biblioteca Centenario-Colcultura, Banco de la República, 1994, p. 285.
  6. Sin embargo, este proceso no parece haber sido forzoso, sino más bien un retiro voluntario. Juan Tulio Córdoba lo considera como parte de una estrategia defensiva adoptada por los indígenas que lograron sobrevivir, caracterizada por: “el aislamiento geográfico con la fuga hacia las cabeceras de los ríos y las regiones selváticas impenetrables, la profunda indiferencia por todo lo que sucedía en el mundo de blancos y negros y el total encerramiento en el mundo indígena”. Etnicidad y estructura social en el Chocó. Medellín, Edit. Lealón, 1983, p. 96.
  7. Robert West. The Pacific Lowlands of Colombia: A Negroid Area of the American Tropics. Baton Rouge, Louisiana State University Press, 1957, p. 104.
  8. Agustín Codazzi. “Provincia del Chocó”. Geografía física y política de las provincias de la Nueva Granada. Comisión Corográfica. Bogotá, Banco de la República, 1959, p. 324.
  9. Los Avisos. Quibdó, Cauca, N.º 9, Febrero 10 de 1891.
  10. Jorge Brisson. Exploración por el Alto Chocó. Bogotá, Edic. oficial, Imprenta Nacional, 1895, p. 128.
  11. Louise Fawcett de Posada. Libaneses, palestinos y sirios en Colombia. Barranquilla, Documentos CERES, N.º 95, Universidad del Norte, 1991, p. 11 y 141.
  12. Ibid.
  13. República de Colombia. El libro azul de Colombia. New York, The J.J. Little and Ives Company, 1918, p. 290.
  14. Peter Wade. Blackness and Race Mixture: The Dynamics of Racial Identity in Colombia. Baltimore and London, The Johns Hopkins University Press, 1993, p. 94-105.
  15. Fernán E. González. “Un país en construcción. Estado, instituciones y cultura política”. Volumen II. Controversia, N.º 153-154, CINEP, junio 1990, p. 7-17.
  16. AGN. República. Ministerio de Gobierno. Sección 1.ª, Tomo 713, Folio 003976.
  17. Eleuterio Nebreda, CMF. Claretianos en Colombia. Medellín, 1981, p. 117.
  18. Humberto Vélez. “Rafael Reyes: Quinquenio, régimen político y capitalismo (1904-1909)”. En: Álvaro Tirado M. (comp.), Nueva Historia de Colombia. Tomo I, Historia política 1886-1946. Bogotá, Edit. Planeta, 1989, p. 197-198.
  19. Luis Fernando González. Quibdó, contexto histórico y desarrollo urbano. Publicación en preparación, p. 147.
  20. Guillermo Octavio Hurtado. Informe del gobernador de Quibdó 1909. Departamento del Chocó. Quibdó, Imprenta Departamental, 1948, p. 16.
  21. Luis Fernando González. Op. cit., p. 148.
  22. República de Colombia. El libro azul de Colombia. New York, The J.J. Little and Ives Company, 1918, p. 290.
  23. José Vallejo. Por el Atrato. Jericó, Imprenta La Merced, 1910, p. 53-60.
  24. Peter Wade. Blackness and Race Mixture…, p. 108.
  25. Manuel Saturio Valencia nació en Quibdó en 1867 dentro de una familia muy pobre. Su padre era mulato y su madre negra. Recibió educación gracias al apoyo de los padres Capuchinos. A los 18 años ingresó a la política, organizando reuniones del Partido Conservador en Quibdó, donde la gran mayoría tanto de blancos como de negros era liberal. Impresionados por el talento de Manuel Saturio, los padres Capuchinos lo enviaron a Popayán a culminar sus estudios. Allí trabó amistad con algunos miembros de la poderosa élite blanca de Popayán, con cuyo apoyo obtuvo un empleo en la burocracia de Quibdó en 1888, a la edad de 21 años. En 1890 llegó a ascender a Juez de Rentas y por último fue asistente de contabilidad en un negocio establecido por los hermanos Meluk, quienes llegaron a proporcionarle crédito para establecer su propio negocio en la Carrera Primera. Sin embargo, su carrera ascendente fue cortada bruscamente por su romance con una mujer blanca, miembro de una importante familia de Quibdó, lo cual dañó sus relaciones con la comunidad blanca. Finalmente se dedicó al alcoholismo al saber que la mujer negra con la que planeaba casarse era su media hermana. Aunque las causas de su caída son muy ambiguas y existen numerosas versiones, muchas de ellas contradictorias, lo cierto es que aunque Manuel Saturio logró educarse, hacer importantes amigos blancos, ocupar puestos burocráticos y ascender en la escala social dentro de una sociedad cerrada y racista, parece haber traspasado los límites permitidos a los negros al tener un romance con una blanca. Por otra parte, además de ser negro era conservador dentro de un pueblo mayoritariamente liberal y después de una guerra como la de los Mil Días en la cual el enfrentamiento entre los dos partidos llegó a un punto de máxima intolerancia. Finalmente lo acusaron de provocar un incendio y el 7 de mayo de 1907 fue condenado a muerte y fusilado. Peter Wade, Blackness and Race Mixture…, p. 108.
  26. Daniel Valois Arce. Departamento del Chocó. Medellín, 1945, p. 107.
  27. Ibid., p. 107.
  28. Benedict Anderson. Imagined Communities: Reflections on the Origin and Spread of Nationalism. London, 1983.
  29. Contraloría de la República. Geografía de Colombia. Chocó. Geografía económica de Colombia. Tomo VI. Bogotá, 1943, p. 347.
  30. ABC. Reportaje al intendente. Quibdó, 20 de enero de 1916.
  31. Contraloría de la República. Geografía de Colombia. Chocó…, p. 420.
  32. ABC. Quibdó, agosto 30 de 1924.
  33. ABC. Quibdó, febrero 13 de 1925.
  34. ABC. Quibdó, mayo 27 de 1935.
  35. AGN. República. Ministerio de Gobierno. Sección 1.ª, Varios. Tomo 965, folio 00525.
  36. AGN. Ministerio de Gobierno. Sección 1.ª, Negocios generales. Tomo 1084, folio 00077.
  37. Luis Llach, arquitecto catalán radicado en Quibdó, fue el primer director de obras públicas de la Intendencia, autor del plan urbanístico de Quibdó, del diseño del Cementerio, la Escuela Modelo y la Penitenciaría. Luis Fernando González. “Luis Llach, el arquitecto de Quibdó”. Boletín Cultural y Bibliográfico, Vol. XXX, N.º 33, Biblioteca Luis Ángel Arango, Bogotá, 1995, p. 38 a 41.
  38. Ibid., p. 67.
  39. ABC. Quibdó, mayo 26 de 1925.
  40. El requisito del alfabetismo continuaba vigente para las elecciones presidenciales.
  41. Entrevista con Manuel Mosquera Rivas, julio 11 de 1996.
  42. Entrevista con Emilio Meluk, abril 26 de 1996.
  43. Los Meluk enviaron a sus hijos a estudiar a Bogotá. Kalhil y Alfonso estudiaron derecho y Armando estudió en Heidelberg (Alemania). Entrevista con Emilio Meluk, abril 26 de 1996. “El Dr. Zúñiga mandó a sus hijos a estudiar en los Estados Unidos y regresaron con las ideas comerciales e industriales de ese país”. Entrevista con Miguel Ángel Arcos, mayo 4 de 1996.
  44. Luis Fernando González. Quibdó, contexto histórico y…, p. 160.
  45. Fue presidente del Cauca (1875-1877), Cónsul General en Londres, General de la República y uno de los jefes más destacados del liberalismo.
  46. Luis Fernando González. “Luis Llach, el arquitecto…”, p. 40.
  47. Poeta y pedagogo, miembro del grupo El Mosaico, nacido en Quibdó en 1827 y muerto en Bogotá en 1886.
  48. AGN. República. Ministerio de Gobierno. Sección 1.ª, Varios. Tomo 965, folio 511.
  49. ABC. Quibdó, septiembre 5 de 1929.
  50. Ramón Mosquera Rivas. Recuerdos de un hijo de mineros. Medellín, Edit. Difusión, 1983, p. 31-32.

Créditos

MUNICIPIO SANTIAGO DE CALI
Alcalde
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Secretaria de Cultura y Turismo
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UNIVERSIDAD DEL VALLE
Rector
Oscar Rojas Rentería
Decano de Humanidades
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REVISTA PACÍFICO SUR
Facultad de Humanidades
Número 1- Agosto de 2002
ISSN 1692-1011

DIRECCIÓN
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CONSEJO EDITORIAL
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CORRECCIÓN DE TEXTOS
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DISEÑO Y DIAGRAMACIÓN
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PORTADA
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IMPRESIÓN
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P.B.X: 8831595
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