El Pacífico: algunas representaciones

Por: Francisco Uriel Zuluaga Ramírez

Fotografía: Nancy Mota
Fotografía: Nancy Mota

En un comienzo…

En un tiempo anterior al tiempo de la fábula, cuando no se sabía que existían el universo y el tiempo, ya existía la tierra pero aún no los hombres. En aquel entonces, hace algo más de 265 millones de años, el globo terráqueo —en su parte superficial— estaba constituido ya en las mismas proporciones actuales de tierra y agua. Pero a diferencia de hoy, la porción de tierra conformaba una sola unidad que los investigadores han llamado Pangea. Esa unidad se fracturó y las partes resultantes se separaron. Inicialmente, Pangea se dividió en tres grandes masas de tierra o supercontinentes, a los cuales se les denominó: Laurentia, Angara y Gondwana.

Una porción de Laurentia, correspondiente al hoy Norteamérica, y otra de Gondwana, que hoy se conoce como Sudamérica, se habían retirado de la gran masa mucho antes de la aparición del hombre y, como partes independientes, tomaron rumbo occidental llevando con ellas buena parte de las especies de fauna y flora de las unidades a las que habían pertenecido. Durante su desplazamiento independiente, hasta llegar al lugar que hoy ocupan, se produjeron múltiples movimientos tectónicos y volcánicos que explican la unión de estas dos partes como un gran continente.

En cuanto a Sudamérica, la masa continental originaria se correspondería —en su borde occidental— con la base de la cordillera de los Andes y para Colombia con la base de la cordillera Central y con la Falla del Río Cauca. Este borde estuvo vinculado a levantamientos de origen marino y asociado con la formación de Centroamérica y el Istmo de Panamá. Dentro de este proceso emergió inicialmente la cordillera Occidental, y luego el corredor o llanura costera del Pacífico.

Podríamos decir que la región del Pacífico Suramericano, en términos geológicos, es relativamente reciente y obedece a levantamientos que se dieron hace 2.1 a 2.4 millones de años; cuya frontera con tierras continentales, en términos hidrográficos, se correspondería con la fosa Cauca-Patía, de la que Ernesto Guhl dice:

“La formación geológica indica que los valles interandinos de los ríos Patía y Cauca fueron originados en la extinción de un gran lago, el que desaguó hacia el Océano Pacífico por la Hoz de Minamá y hacia el Océano Atlántico por el Cañón de la Virginia, dejando un surco profundo: la fosa Patía-Cauca.”

Posteriormente, dada la cercanía con el Istmo de Panamá, la parte norte de la región vio emerger una nueva montaña, la Serranía del Baudó. Ella, en forma similar a la fosa Cauca-Patía, dio origen a la Cuenca Atrato-San Juan.

Varias son las similitudes entre las dos fosas. Una y otra desarrollan la mayor parte de su curso en dirección paralela al océano Pacífico, el eje norte de cada una de ellas (el Río Cauca y el Río Atrato) tributan en el océano Atlántico, el eje sur cambia de dirección norte-sur para, realizando un arco, tributar en el océano Pacífico, ambas cuencas reciben su mayor tributación hídrica de la vertiente de las faldas occidentales.

También presentan marcadas diferencias. Mientras la fosa Cauca-Patía, más extensa y aislada del mar, tuvo un periodo de transición con dos formaciones lacustres separadas por la Serranía de Timbío y el altiplano de Pubenza, que originaron los valles interandinos del Cauca y del Patía; la fosa Atrato-San Juan fue cerrándose como un canal natural, con un divortium aquarium de muy baja altura sobre el nivel del mar, llamado el arrastradero de San Pablo. Aunque en ambas, al interior del arco montañoso que las separa del océano Pacífico se dan fuentes hídricas que tributan perpendicular y directamente al mar, las costas que encierran son diferentes; la costa al norte de la desembocadura del río San Juan es abierta y con acantilados, la costa al sur del río San Juan, y un poco más al sur de la desembocadura del río Patía, se caracteriza por los esteros que crean un colchón que amortigua el impacto directo del mar sobre la costa.

foto: Indio Emberá tomada de: INDIOS DE COLOMBIA
foto: Indio Emberá tomada de: INDIOS DE COLOMBIA

En tiempos legendarios…

Millones de años duró el proceso de constitución del continente americano, dentro de estos emergieron y se configuraron las tierras del Pacífico, la generación de sus ricas flora y fauna, y la llegada del hombre a habitar la región y hacerla su territorio. Con esta finalidad, cada pueblo y cada comunidad creó sus propios relatos y leyendas. Si tuviéramos noticias de todos ellos, gozaríamos también de múltiples representaciones, pero la tradición sólo nos ha legado unos pocos, correspondientes a los pueblos indígenas que actualmente habitan el Pacífico: Waunan, Embera y Cuna. Waunan y Embera tienen orígenes comunes y por lo tanto sus manifestaciones culturales y sus tradiciones guardan pautas similares.

La memoria étnica de los Waunan evoca un origen divino. La historia oral narra que su origen tuvo lugar en las playas del Baudó, cuando Ewandama, en un acto de creación, dio vida a los Waunan. Ewandama es el dios de los Waunan, es el creador de todo, tiene la apariencia de un indígena joven y bonito, se viste con guayuco y se pinta el cuerpo con jagua, se adorna con chaquira orejera y su pecho es de oro; se dice que Ewandama sale todos los días a pasear en el cielo, el pecho de oro es lo único que se ve de él porque brilla, da luz y calor, es el sol.

Los Embera consideran que la creación realizada por Akore dio lugar a tres mundos: el mundo de abajo, cuyos habitantes tienen el rabo tapado, fue el lugar de origen del primer Jaibaná quien se dedicó a enseñar el jai y medicina botánica; el mundo en que habitamos; y el mundo de arriba, el mundo de los muertos.

Habiendo creado Akore los hombres con funciones frente al mundo natural, en la medida en que los hombres no cumplieron con sus obligaciones fueron transformados en animales asociados a sus antiguas tareas.

Así…, antiguamente todos los animales de la selva fueron gente; cada quien tenía sus funciones. La conga manejaba el agua, el lagarto la candela, el zorro el plátano, las loras el maíz… así todos. Pero les dio por mezquinar y no compartir el agua, las semillas, todo lo que administraban y Akore los convirtió en animales. Así…, uno de estos animales, quizá el más nombrado, la Conga, en su mezquindad, acumuló el agua en un árbol provocando la irritación general y la tumbada del árbol. Cuando Chidima mochó el árbol, al caer de cada rama salió un río, de las ramas pequeñas salieron las quebradas y del tronco, del cuerpo del kuima, salió el mar; así salieron todos los ríos y las comunidades. Diego Arango (Compilador), “Relato Embera”, en: Colombia Pacífico, Tomo I, p. 135. De esta manera, las estructuras sociales y de parentesco se encuentran íntimamente vinculadas al agua, las cuencas de los ríos y a una territorialidad que se ejerce por la presencia cultural pero se determina por el serpentear de las aguas. Con estos principios vivieron y aún viven sus descendientes, pero…

Hace unos quinientos años…

Llegaron, desde el núcleo original de la Pangea, hoy denominado Europa, unos hombres con tez diferente a los que les interesaba el oro y por eso buscaron apoderarse de los filones y los veneros aluviales auríferos para establecer explotaciones mineras. Como, en general, su interés era sólo la producción del mineral, fueron dueños ausentistas que aprovecharon las comunidades indígenas establecidas para obtener el suministro de maíz y plátano, necesarios para la alimentación de los esclavos negros que trajeron de África con la finalidad de obtener alto rendimiento de las minas. Estos nuevos hombres, los españoles, llegaron invocando un nuevo Dios y un nuevo Rey, en nombre de los cuales —y mediante la fuerza— hicieron siervos a los naturales, les reconocieron algunos territorios como Resguardo y les impusieron tributos que —por lo regular— se pagaban en maíz y plátanos. Decían estos españoles que venían a cristianizar en nombre del Rey y con autorización del Papa, por eso trajeron muchos misioneros. Realmente, la fe cristiana les servía para justificar la imposición de su dominio, sus leyes y su religión, con el fin de obtener las riquezas. Pero, caía en contradicciones frecuentemente. Una de tales contradicciones fue la esclavitud…

Los españoles trajeron la esclavitud…

Para el trabajo fuerte del laboreo de las minas, los españoles trajeron hombres de África a los cuales habían reducido a esclavitud, con la disculpa de que:

“Les será muy útil a los mismos sacarlos de Guinea, de aquel fuego y tiranía y barbarie y brutalidad donde sin Dios ni ley viven como brutos salvajes, llevados a tierra mejor, más sana para ellos, abundante, alegre para que mejor se conserven y vivan en policía y religión de que conseguirán muchos bienes temporales y, lo que más estimo, espirituales…”

— Francisco de Auncibay, Discurso sobre los negros que se pretenden llevar a la gobernación de Popayán (1592)

Estos hombres, al llegar al Pacífico fueron incorporados en los Reales de Minas como parte de ellas y dispuestos en las diferentes labores, organizados en torno a los cortes, dando comienzo a su organización en familias amplias y viviendo en grupos de chozas dentro del campamento minero. Allí, iniciaron un proceso de adaptación cultural de sus recuerdos ancestrales a las nuevas condiciones naturales y de poder. De esta manera hicieron de la cobertura de la familia amplia su instrumento de ejercicio territorial en las tierras cubiertas por las cuencas de los ríos asociados a las minas; recuperaron tradiciones (cuentos, cantos, tonadas, rondas, versos, danzas, costumbres familiares y destrezas) para darles formas peculiares, identitarias, a sus actos. En algunas ocasiones se fugaron pero, fundamentalmente, hicieron de sus formas de vida una forma de resistencia activa permanente, que acabaría por ser reconocida en el siglo XIX.

Este hombre descendiente de africanos, nacido en el Pacífico, tiene también un estilo muy propio de guardar la memoria: La Décima.

Con ella recorre el mundo:

Yo me embarqué a navegaren una concha de almejaa rodiar el mundo enteroa ver si hallaba coteja.Salí de aquí de Tumacocon rumbo a Buenaventuray puse rumbo a la Europa.Navegué a Constantinoplaa ver si hallaba coteja.

También se remonta y entabla relación con las potencias celestiales:

Una vez en un letargosoñando que estaba muertome subí a los elementosy anduve un rato paseando.Yo conversé con la lunaque se hallaba en su aposentohablé con todos los muertossin dificultad ningunapasé por una columnadonde estaba Dios forjadoy con él estuve hablandopor espacio de una horay vi a Nuestra Señorauna vez en un letargo.

Cuenta los acontecimientos de su pueblo:

Casi se hunde Tumacopor todos sus cuatro extremoscon el agua que aumentóel día 20 de febrero.Las partes que más sufrierony quedaron afectadas,fue una parte del bajito,el Voladero y La Playa.Las mujeres asustadassacaban a los muchachosviendo flotar los platos,las ollas y las cucharas;con la fuerte marejadacasi se hunde Tumaco.

Y también toma posición frente a sucesos cotidianos:

Desde que salió la diablaallá en el puente Tres Tablasdejó la maldita modadel vestido de minifalda.Se acabó la moda largade las mujeres vestir,tan sólo la minifaldaes la moda de lucir.Andan más de mil y mildesnudas por las espaldassólo mostrando las nalgas,la cosa más provocante;cambió la mujer bastantedesde que salió la diabla.

Hoy…

Hoy, el Pacífico colombiano —siempre marginado del resto del país— busca lugar en el contexto nacional. Las respuestas a esta aspiración nacen de la mirada con que los distintos intereses del interior del país aprecian la región:

  1. Un sector, interesado en la explotación de las riquezas naturales, propone el desarrollo material, la explotación industrial de sus recursos naturales, la construcción de un tejido carreteable que dinamice las comunicaciones en el corredor costero.
  2. Otro sector, preocupado por la región como el nexo natural del país con el mercado mundial, clama por el desarrollo portuario, la multiplicación y tecnificación de instalaciones portuarias, con el fin de incorporar a Colombia —básicamente a la economía del interior— en la Cuenca Internacional del Pacífico.
  3. Un tercer sector, más débil, piensa que la riqueza natural, la diversidad ecológica, las expresiones culturales de sus comunidades, se pueden dirigir a planes de desarrollo turístico concretos, donde las comunidades se organicen y dirijan la divulgación de su capital cultural y diversidad ecológica a través de programas de desarrollo turístico intensivo.

De las decisiones que se tomen dependerá la construcción de futuro y la articulación de la región del Pacífico a las dinámicas de un desarrollo integral en el conjunto de la nación colombiana.

Créditos

MUNICIPIO SANTIAGO DE CALI
Alcalde
John Maro Rodríguez
Secretaria de Cultura y Turismo
Maria Victoria Barrios de Gómez

UNIVERSIDAD DEL VALLE
Rector
Oscar Rojas Rentería
Decano de Humanidades
Darío Henao Restrepo

REVISTA PACÍFICO SUR
Facultad de Humanidades
Número 1- Agosto de 2002
ISSN 1692-1011

DIRECCIÓN
Darío Henao Restrepo
Víctor Mario Estrada Ospina

CONSEJO EDITORIAL
Francisco Zuluaga
Fabio Martínez
Elkin Salcedo
Omar Díaz

Alfredo Vanín
Jesús Glay Mejía
Víctor Mario Estrada Ospina
Darío Henao Restrepo
Luis Valdivia

COLABORADORES
Fabio Martínez
Alejandro Ulloa
Fabio Gómez
Hortensia Alaix de Valencia
Antonio Montaña
Juan Carlos Moyano Ortiz
Germán Patiño Ossa
Oscar Olarte
Alfredo Vanín
Luis Aníbal Méndez Paz
Gustavo Bueno
Francisco Zuluaga
Angela María Osorio

ASISTENTE EDITORIAL
Omar Felipe Becerra O.

CORRECCIÓN DE TEXTOS
Carmen Helena Moncada

DISEÑO Y DIAGRAMACIÓN
Taller Creativo Ltda.
Cali - Colombia

PORTADA
Serie del Pacífico tallada en madera 1991
Hernando Tejada

FOTOGRAFÍAS
Carlos Arias
Jhon Jairo Álvarez
Archivo La Palabra
Archivo el País

ILUSTRACIONES
Hernando Tejada (q.e.p.d)
Darío F. Bolivar Gómez

IMPRESIÓN
Feriva S.A.
Cl 18 No. 3-33
P.B.X: 8831595
Cali- Colombia

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