La Importancia geopolítica del Pacífico

Por: Víctor Mario Estrada Ospina
Sociologo e investigador de Univalle

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Colombia y el Valle del Cauca han carecido históricamente de una política de apertura y de una estrategia de integración frente al Pacífico. Solo quienes carecen de una visión geopolítica estratégica no valoran de manera adecuada las inmensas posibilidades que en el plano económico, político, social, étnico-cultural, ecológico, comercial y tecnológico están abiertas para los países que tienen el gran privilegio de estar situados sobre el borde mismo del mar Pacífico o del llamado “Mar del Sur”, como tuvo oportunidad de denominar Vasco Núñez de Balboa cuando pudo avistarlo por primera vez desde Panamá en 1513, gracias a la información que le suministró el indígena Panquiano, quien es considerado como el “profeta” del Pacífico y del Perú; él fue quien dio a conocer a Balboa la existencia de un gran mar y de una tierra rica en oro, situados al sur durante aquella época.

En estas condiciones es muy importante precisar el verdadero alcance conceptual de lo que debe entenderse por tener un conocimiento geopolítico; en consecuencia, se debe intentar responder a la siguiente pregunta: ¿Qué es la Geopolítica? Avendaño (2002) plantea que la geopolítica, como disciplina y como ciencia que estudia el Estado en toda su dimensión, debe tener presente no solo el ambiente propio de la geografía, sino todos aquellos factores de carácter histórico, económico, social, cultural, etc., que inciden en el desarrollo de la población y, por lo tanto, en la estructura del Estado. Así definida, debe tenerse claro que, para poder generar un conocimiento geopolítico, es necesario un saber interdisciplinario y por esa razón esta disciplina debe recurrir o apoyarse en la ciencia política y en la ciencia geográfica.

En tal sentido, como lo plantea Avendaño (2002), se pueden precisar en los siguientes términos algunos de los propósitos más importantes de la geopolítica:

  • Proporcionar los conocimientos indispensables acerca de la influencia de los factores geográficos, en interrelación con los de carácter político, social, económico y cultural, para la formulación, estructuración y desarrollo de las políticas de Estado.
  • Apoyar y orientar a los estadistas en sus políticas de gobierno, teniendo muy presente los hechos geográficos y todos aquellos que puedan involucrarse en dichas políticas.
  • Espera brindar el conocimiento del globo, no solo a través de la ciencia geográfica, sino del proceso de globalización, que permita comprender mejor los asuntos internacionales y, con ellos, los internos de un país.
  • Operar como estrategia para los gobernantes, ayudando a comprender mejor los asuntos de cada Estado para aplicarlos, acordes con los fines que persiga, llámese gobierno local, regional o nacional, que produzcan efectos positivos para su conglomerado.
  • Espera dar a conocer no solo los conceptos y los principios de la geopolítica nacional, sino aquellos externos o internacionales que sean comunes a los intereses estatales, como también dar herramientas para designar los que no se adapten a nuestras realidades sociopolíticas, económicas y jurídicas que violen, en este caso, nuestra propia soberanía o los principios o doctrinas del derecho internacional.
  • Fomentar el estudio y la investigación de la geografía y la geopolítica, para crear conciencia acorde con la realidad y propósitos nacionales, buscando con ello idoneidad para sacar conclusiones que orienten a gobernantes y gobernados.

Entre los múltiples precursores de esta disciplina se cuenta, por supuesto, como uno de sus pioneros al Libertador Simón Bolívar; él fue, tal vez, el primero a nivel latinoamericano en esbozar una estrategia geopolítica de integración americana. Sellada la independencia de España de manera definitiva en 1824 en el Alto Perú, planteó la necesidad de formular un pensamiento geopolítico que permitiera alcanzar la integración de América en el concierto mundial, para neutralizar los propósitos que desde Europa se buscaban con la llamada “Santa Alianza”. Desde sus cartas de Jamaica trazó el panorama de las futuras repúblicas y luego lo hizo sobre la organización territorial del Estado y sobre la naturaleza de sus gobiernos, sobre el resultado de las luchas y de las influencias de los factores geográficos; su más importante y trascendental propuesta para promover la integración americana y de esta en el mundo es expuesta en su carta convocando a los distintos gobiernos de diciembre 7 de 1824 y en el texto: “Un Pensamiento sobre el Congreso a reunirse en Panamá”.

Las diferencias de Bolívar y Santander frente al Congreso Anfictiónico de Panamá

Terminada la guerra de independencia en el Alto Perú, la más importante tarea política que se imponía en esa hora decisiva era avanzar en la consolidación del Estado y la nación en la Gran Colombia. Los nuevos acontecimientos y hechos que venían produciéndose en el plano internacional obligaban a tener en cuenta las pretensiones de España de obtener la reconquista de América a través del poder de la Santa Alianza.

Sin embargo, el triunfo de Ayacucho no inauguró una época de paz y de concordia en las sociedades americanas, sino que le otorgó a esas sociedades la oportunidad de enfrentarse a los explosivos conflictos que se derivaban del bien ganado derecho a resolver, con autonomía, sus propios destinos.

Cuando se silenciaron los cañones y descansaron las armas, llegó también el momento de saber qué entendían los pueblos del Nuevo Mundo y sus clases rectoras por ser independientes y soberanos, y de qué manera pretendían utilizar, en el porvenir, esa independencia y esa soberanía.

Pero, como señala acertadamente Liévano Aguirre (1983), en América venía sucediendo una situación inversa a la europea, pues al tiempo que en el viejo continente se desencadenaba una revolución de los pueblos en contra de los monarcas, en el Nuevo Mundo estaba en marcha una insurrección de las clases dirigentes contra la revolución democrática acaudillada por el Libertador y cuya fuente de poder residía en la República de Colombia. Fue entonces cuando Bolívar valoró en toda su dimensión la eficacia política del sistema propuesto por Metternich como procedimiento para detener la revolución liberal, y optó por emplear un procedimiento semejante para enfrentarse en América a la rebelión de las clases dominantes y consolidar el triunfo de los principios democráticos. Así como en Europa la Santa Alianza pregonaba que la paz internacional estaba ligada a la prolongación del viejo orden social, en el Nuevo Mundo Bolívar proclama que la paz americana estaba ligada a la conservación, en todos los Estados del hemisferio, de los principios democráticos y republicanos. En esos días escribía a Santander:

“Debemos imitar a la Santa Alianza en todo lo que es relativo a la seguridad política. La diferencia no debe ser otra que la relativa a los principios de justicia. En Europa todo se hace por la tiranía, acá por la libertad; lo que ciertamente nos constituye enormemente superiores a los tales aliados…

Los ejércitos de ocupación en Europa son una invención moderna y hábil, conserva la independencia de las naciones y el orden que se establece en ellas, y, al mismo tiempo, evita la necesidad de conquistar para impedir la guerra. Por lo mismo, nosotros debemos tener este ejército en el Alto Perú hasta la reunión de los Estados en Panamá, que deben decidir el modo y medio de mantener la tranquilidad entre los confederados”.

Este era apenas uno de los aspectos de la política continental de Bolívar: el que hacía referencia a la unidad interna del mundo americano en la batalla final por su libertad. Para completar la estructuración del sistema que le permitirá enfrentarse al viejo mundo coaligado en la Santa Alianza, Bolívar presentó en esos días a la consideración de América el proyecto del Congreso Anfictiónico de Panamá, destinado a ser la respuesta de la América democrática al Congreso de Viena.

En esas condiciones, el Congreso Anfictiónico de Panamá no debía tener un carácter panamericano; así se lo manifestó expresamente a Santander, quien como jefe del gobierno debía adelantar los trámites y gestiones de cancillería para garantizar la realización del histórico encuentro:

“No se olvide usted jamás —le escribía al vicepresidente— de las tres advertencias políticas que me he atrevido a hacerle: primera, que no conviene admitir en la liga al Río de la Plata; segunda, a los Estados Unidos de América, y tercera, no liberar a La Habana. Estos tres puntos me parecen de la mayor importancia, pues creo que nuestra liga puede mantenerse perfectamente sin tocar los extremos del Sur y del Norte, y sin el establecimiento de una nueva república de Haití. Los españoles, para nosotros, ya no son peligrosos, en tanto que los anglosajones lo son mucho, porque son omnipotentes, y por lo mismo terribles”.

El vicepresidente Santander tenía otra apreciación del asunto y decide adelantar las gestiones de cancillería en otra dirección muy distinta a las instrucciones impartidas por el Libertador. Como no puede oponerse abiertamente a la convocatoria del Congreso de Panamá, decide convertir el Congreso en una reunión de todos los países del hemisferio, no importando sus inclinaciones políticas y sus intereses comerciales. Entre el americanismo propuesto por Bolívar, Santander opta por el panamericanismo propuesto por Monroe.

Comentando la doctrina Monroe, decía Santander en su mensaje al Congreso de 1824: “Semejante política, consoladora del género humano, puede valer a Colombia un aliado poderoso en el caso en que su independencia y libertad fuesen amenazadas por las potencias aliadas. El ejecutivo, no pudiendo ser indiferente a la marcha que ha tomado la política de los Estados Unidos, se ocupa eficazmente en reducir la cuestión a puntos terminantes y decisivos”. Para ser lógico en esa política, Santander procedió, a pesar de las recomendaciones de Bolívar, a invitar al Congreso de Panamá a Brasil, al Río de la Plata y a los Estados Unidos, y en la siguiente forma explicó al Libertador las razones de su conducta:

“En Europa —le escribió— ha comenzado a alarmar la confederación americana: el ministro Canning llamó a Hurtado para preguntarle cuál era el objeto verdadero de ella, pues se decía que se iba a hacer una liga contra la Europa, y que se trataba de desquiciar el imperio del Brasil para convertir toda la América en estados populares. Hurtado le dio respuestas satisfactorias y le bosquejó el objeto de la confederación, con lo que parece que quedó aplacada la inquietud del ministro. A esta fecha debe haber recibido el gobierno británico una nota nuestra relativa a la confederación, en la que excitamos al gabinete a que envíe un comisario como testigo, a manera de lo que se practica en los congresos europeos. También se ha avisado políticamente la reunión al comisionado del emperador del Brasil en Londres. Estos pasos nos parecieron prudentes para quitar todo motivo de alarma y todo pretexto de hostilidades, y la conferencia del señor Canning con Hurtado me ha ratificado que procedimos con discreción en el particular…”.

Bolívar recibió en Lima el proyecto de Santander sobre el Congreso y se apresuró a contestarle:

“He visto el proyecto de federación general desde los Estados Unidos americanos hasta Haití. Me ha parecido malo en las partes constituyentes, pero bello en las ideas y en el designio. Haití, Buenos Aires y los Estados Unidos tienen cada uno de ellos sus grandes inconvenientes. México, Guatemala, Colombia, el Perú, Chile y Alto Perú pueden hacer una soberbia federación. El Perú y Colombia tienen una sola mente, y México quedaría situado en medio de toda esta federación, la que tiene la ventaja de ser homogénea, compacta y sólida. Los americanos del Norte y los de Haití, por solo ser extranjeros, tienen carácter de heterogéneos para nosotros. Por lo mismo, jamás seré de opinión de que los convidemos para nuestros arreglos americanos”.

Con este planteamiento de los problemas americanos, Bolívar demostraba la misma sagacidad y previsión que desplegaron los padres fundadores de los Estados Unidos.

Liévano Aguirre (1983) plantea de manera concluyente que estas dos doctrinas internacionales, que podrían calificarse respectivamente de “Bolívar” y “Santander”, perseguían un ideal común —la defensa del sistema republicano y liberal en América—, pero suponían el empleo de procedimientos distintos por su naturaleza y universalidad. El “Monroísmo” era la declaración unilateral que formulaba una nación americana, arrogándose el derecho de proteger a los países del hemisferio contra la influencia o agresión europeas. El “Bolivarismo” era la proclamación a nombre de la América hispana de la voluntad de sus pueblos de transformar su revolución de independencia en la avanzada de un movimiento destinado a provocar, a escala mundial, un cambio de las condiciones sociales y políticas que dividían el mundo en metrópolis y colonias. Era la doctrina del “nuevo equilibrio del Universo”. Por eso, al encarecer Bolívar ante el gobierno de Colombia la necesidad de reunir pronto el Congreso de Panamá, pedía la inclusión en el temario de sus deliberaciones del problema de la esclavitud, e insistía en que, a pesar de las protestas de las naciones anglosajonas, interesadas en el tráfico y economías esclavistas, el Congreso adoptara el compromiso solemne de trabajar por su proscripción universal.

El Congreso Anfictiónico se reunió en la ciudad de Panamá en los primeros meses de 1826, con la presencia de plenipotenciarios de las repúblicas de Colombia, México, Perú y Centroamérica y el observador enviado por el gobierno de Su Majestad Británica para seguir las deliberaciones de la gran asamblea; precedido por antecedentes importantes como la ausencia del gobierno de Buenos Aires, Estados Unidos y Brasil. Diversas razones motivaron su ausencia; vale la pena destacar la posición del gobierno de Buenos Aires que, en extensa nota de respuesta a la invitación, declaró que la doctrina de Monroe, a la cual el vicepresidente Santander había dado excepcional importancia en la organización del Congreso, representaba peligros no menos graves que la posible intervención europea, y revelando la verdadera razón de su hostilidad por la asamblea del istmo, manifestó al gobierno invitante:

“La influencia que tendría en las deliberaciones la República de Colombia, o sin que ella la ejerza de hecho, la sola aptitud que le han dado los sucesos para poderla ejercer bastaría para inspirar celos y hacer que se mirase con prevención el ajuste más racional, el pacto más benéfico, el tratado en que se estableciesen con más escrupulosa igualdad los derechos y los deberes de todos los Estados de la Liga. Esta idea nos asusta y nos hace mirar con horror el proyecto de celebrar tan temprano un tratado común entre estados que, bajo diferentes aspectos, no pueden sin imprudencia comprometerse en semejante pacto”.

Iniciadas las conversaciones, el Congreso tuvo que enfrentar dos tipos de dificultades que limitaron el alcance de la propuesta de la política americana de Bolívar: la resistencia de algunas delegaciones a establecer la libertad de comercio entre los países americanos, y la oposición, aún más grave, de los delegados del Perú que sobre esta materia recibieron instrucciones de última hora para consagrar en el tratado de alianza los principios democráticos y republicanos que constituirían la natural contrapartida de los principios de la Santa Alianza.

Estas diferencias de criterio, como los antagonismos nacionales que ellas revelaban, contribuyeron a ahondar las desconfianzas que Colombia inspiraba y a determinar notables dificultades en el comienzo de las tareas del Congreso, cuya instalación solemne se efectuó el día 22 de junio de 1826.

Las deliberaciones del Congreso fueron extremadamente complejas y poco eficaces en términos de resultados políticos; así lo entendió Bolívar cuando se enteró de tan adversas circunstancias, decepcionado de esa empresa que había sido la máxima aspiración de su vida.

“El Congreso de Panamá —escribió a Páez—, institución que debiera ser admirable si tuviera más eficacia, no es otra cosa que aquel loco griego que pretendía dirigir desde una roca los buques que navegaban. Su poder será una sombra y sus decretos, consejos; nada más”.

Ante este panorama desolador que sume a las naciones en la desintegración y las deja sometidas al peligro y la amenaza de quienes tienen ambiciones coloniales, el Libertador se juega su última carta, buscando una común organización institucional para los países que habían recibido la libertad por las armas de Colombia. Fue esta la razón que lo llevó a dejar de lado los fines buscados por la liga y los convenios del istmo, para sustituirlos por la carta fundamental presentada al Congreso de Bolivia. La constitución boliviana será de acá en adelante la fuente de las más encendidas pasiones y generará las más furiosas resistencias de las élites criollas, que solo aspiraban a instalarse cómodamente en el poder bajo la idea de un vago nacionalismo, manteniendo las estructuras socioeconómicas típicas del régimen colonial.

Desde el punto de vista histórico, es esta la más importante propuesta que se haya formulado en materia de integración geopolítica de América con el mundo y, desde entonces, nos quedamos sin brújula, como lo plantea López Michelsen: “perdimos, en cambio, por sobre todo, una dimensión continental y universal, que nunca hemos recuperado”. Aunque Colombia ha firmado tratados bilaterales, tratados de desarrollo fronterizo, el tratado de integración de los países andinos y el tratado de la Comunidad Latinoamericana de Naciones, carece hoy de un enfoque geopolítico que promueva la integración geoestratégica del Pacífico.

Bibliografía

  • Avendaño De Horta, Roberto (2002). La Geopolítica ante un Mundo y un País en Controversia. Editores Faid, Cali.
  • Liévano Aguirre, Indalecio (1983). Colombia frente a la Santa Alianza. El Congreso de Panamá, en: Bolívar. Editorial Oveja Negra, Bogotá.
  • Liévano Aguirre, Indalecio (1986). La Batalla por la Unidad de Hispanoamérica, en: La Nueva Prensa, Tomo 1, Nueva Biblioteca Colombiana de Cultura, Procultura, Bogotá.

Créditos

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UNIVERSIDAD DEL VALLE
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REVISTA PACÍFICO SUR
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ISSN 1692-1011

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Francisco Zuluaga
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ASISTENTE EDITORIAL
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CORRECCIÓN DE TEXTOS
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DISEÑO Y DIAGRAMACIÓN
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PORTADA
Serie del Pacífico tallada en madera 1991
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FOTOGRAFÍAS
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