Por: Claudia Leal

Es difícil imaginarse a Robert West hace casi medio siglo, armado con cámaras y cuadernos, recorriendo los ríos del Pacífico en canoas o hundido entre el barro de los caminos que cruzan la selva. Con sus 87 años, esos trotes son parte del pasado. Pero el profesor West todavía recuerda bien sus viajes por esta región, a pesar de no haber regresado en más de cuatro décadas. Lo conocí en Berkeley en septiembre de 1997 en una ceremonia para honrar la memoria de su compañero de universidad y amigo, el profesor James Parsons, conocido geógrafo norteamericano, también investigador en Colombia, quien había fallecido algunos meses atrás. West fue amable pero distante ante mis palabras de admiración para el autor del que considero el mejor libro que se ha escrito sobre el Pacífico colombiano. Mostró satisfacción al enterarse del interés que esta región ha suscitado en investigadores de diferentes disciplinas en las últimas décadas. A esta corta charla siguieron un par de charlas y luego un largo silencio.
Las tierras bajas del Pacífico colombiano no es solamente un excelente estudio de una región relativamente poco estudiada de Colombia, sino que es también muy buen ejemplo del tipo de geografía que caracterizó la llamada “escuela de Berkeley”. La definición del verdadero objeto de estudio del libro representa la primera pista: “las tierras bajas del Pacífico colombiano y áreas adyacentes” son definidas como un área cultural. Si el área de estudio “tiene alguna unidad física”, nos dice West, “está dado por su clima húmedo y cálido, y por el denso bosque tropical que constituye la cobertura vegetal.” Pero estos rasgos se extienden hacia el norte y hacia el sur del área considerada en el libro. “Los límites del área de estudio, por lo tanto, están determinados más por aspectos culturales que por aspectos físicos. En términos culturales, el área se define principalmente por el predominio de la población negra; por una forma común de vida basada en agricultura de subsistencia, la pesca y la minería primitiva; y por su desarrollo histórico común.”
El libro está dividido en dos partes: el medio físico y el medio cultural. La primera es una exposición sobre la geomorfología, el clima y la vegetación de la región; y la segunda, un estudio sobre la población y la economía. Lo primero que salta a la vista es la gran variedad de temas, posible gracias a que el libro está centrado en un lugar más que en un aspecto particular de la realidad. Tal variedad implica que el autor debe tener una formación igualmente amplia, que le permita abordar temas tan disímiles como los manglares, las técnicas de minería de aluvión y la historia del poblamiento.

En su investigación sobre el Pacífico colombiano, West siguió la senda de su maestro Carl Sauer (1889-1975), director del departamento de geografía en Berkeley. Sauer propuso el estudio de “paisajes culturales” (que a veces también denominó “morfología del paisaje” o “áreas culturales”). Tal vez la clave para entender esta propuesta está en el concepto de cultura. Según Sauer, cada grupo humano o cultural tiene un modo particular de relacionarse con el ambiente que lo rodea, evidente en la manera en que le da forma humana al paisaje. Los aspectos de la cultura en que Sauer estaba interesado, entonces, eran aquellos que podían observarse, es decir, los aspectos visuales, tal como lo sugiere la palabra paisaje. El énfasis estaba puesto en la transformación de la naturaleza lograda por diferentes grupos humanos. Así, el geógrafo debería estar versado en la lectura tanto de las formas del relieve, los vaivenes del clima y la variedad de formas de vida, como las de huellas dejadas por los seres humanos —huellas tales como utensilios, casas, patrones de asentamiento y cultivos. En ese sentido, ese tipo de geografía humana comparte con la antropología el interés por la cultura material. La idea de cultura utilizada por Sauer ofrece un criterio para demarcar las regiones que los geógrafos estudian: si cada cultura representa una manera de transformar la faz de la tierra, entonces las regiones pueden delimitarse en términos culturales y bien pueden denominarse áreas culturales.
Para la investigación de su libro, West recorrió gran parte de la región. A ello dedicó las vacaciones del verano durante cuatro años consecutivos (1951-1954). Su curiosidad por lo que vio en las tierras bajas del Pacífico lo llevó a los archivos de Bogotá, Popayán, Quito y Sevilla. Esta inusual combinación es resultado de una cierta aproximación a la geografía que pone igual énfasis en la lectura del paisaje y en la indagación por su historia. El resultado de estos esfuerzos es un libro que desarrolla rigurosamente lo que se propone. Es sencillo y directo, y en ello radica su elegancia. Además de tener una prosa clara y concisa, la belleza del libro radica en los 26 mapas que ilustran espacialmente los hallazgos de West, y también en las fotografías tomadas por él mismo. Los mapas fueron todos hechos por el mismo West, y con ellos honra una de las más antiguas tradiciones asociadas con la geografía.
Berkeley, octubre de 2000
*Fragmentos del prólogo de la economista Claudia Leal, quien contactó a West para hacer por primera vez al español la traducción de su libro, The Pacific Lowlands of Colombia: A Negroid Area of the American Tropics, publicado en 1957 por Louisiana State University Press, y editado en Colombia por el Instituto Colombiano de Antropología e Historia.

