Por: Ángela María Osorio Rojas

“Dado que la población de la ciudad no se reproduce a sí misma, ha de reclutar sus inmigrantes en otras ciudades, en el campo y en otros países. La ciudad ha sido históricamente crisol de razas, pueblos y culturas y un vivero propicio de híbridos culturales biológicos nuevos. No sólo ha tolerado las diferencias individuales, las ha fomentado. Ha unido a individuos procedentes de puntos extremos del planeta porque eran diferentes y útiles por ello mutuamente, más que porque fuesen homogéneos y similares en su mentalidad” (Louis Wirth, 1988).
Las migraciones han venido siendo objeto de investigación, pues en ellas radica gran parte de la dinámica cultural de las urbes. Cali no escapa de esta dinámica. Si bien en un inicio era considerada una ciudad de paso, poco a poco fue convirtiéndose en foco de migrantes que hicieron de ella la tercera ciudad más importante del país. Una de las fuerzas migratorias para este proceso proviene de las comunidades negras de la costa Pacífica colombiana.
En el mundo las migraciones y la diversidad de razas han sido foco para manifestaciones violentas de racismo. Por ello las Naciones Unidas, desde mediados de siglo, decidió crear un Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial, una instancia jurídica para denunciar aquellos actos que atenten contra la aceptación de la diversidad y la igualdad de razas. Colombia no fue considerada por las Naciones Unidas un país con problemas de racismo, pero poco a poco fueron apareciendo voces que denunciaban discriminaciones con comunidades negras o indígenas y solicitaban una instancia jurídica que exigiera al Gobierno compromiso para ayudar en la construcción de relaciones sociales más justas. (Santiago Arboleda, Gorlis Trujillo. Revista Cununo, 1999).
En busca de conocer un poco más acerca de estas migraciones, el grupo de investigación Cununo, conformado por profesores, alumnos y egresados de la Facultad de Historia de la Universidad del Valle y participantes de otras dependencias como Ciencias Sociales y Sociología, ha venido desarrollando desde 1997 una serie de trabajos alrededor de las migraciones de grupos étnicos tanto negros como indígenas en la ciudad de Cali. El primero buscó mirar los procesos de los migrantes tanto negros como indígenas en la ciudad de Cali. Y el segundo trabajo, una continuación directa del primero, aplicó el resultado de la investigación en una labor de sensibilización sobre la presencia de estas poblaciones en la ciudad. Se socializó la información con colegios, universidades, grupos asociativos y grupos comunitarios; como parte de un proyecto coordinado con la Alcaldía de Cali.
La Palabra entrevistó a uno de sus integrantes, el profesor Diego Mario Romero, para que nos comentara acerca de las migraciones negras en la ciudad de Cali.
La Palabra: ¿Cuál es el papel de las migraciones en la ciudad?
Diego Mario Romero: En primer lugar es importante señalar que los migrantes son los principales constructores de ciudad. La ciudad se ha desarrollado gracias a la fuerza de trabajo de la población migrante. En segundo lugar, los migrantes han expresado retenciones, reconstrucciones y creatividades que Cali puede expresar como propias, expresiones culturales que se han combinado con la cultura negra nativa proveniente del agro, artesanos y campesinos, para conformar toda una dimensión de la cultura negra caleña.
LP: ¿Hasta dónde se remonta la historia de las migraciones en Cali?
DMR: Uno de los elementos característicos de la cultura negra es la migración, pues la agricultura en la costa pacífica es migratoria. Las crecidas de los ríos hacían circular a las poblaciones para encontrar una zona cultivable, y así establecían relaciones entre poblaciones vecinas. Incluso trascendían a espacios regionales como las costas del Valle, Chocó y Antioquia, aunque el caso más representativo ha sido la migración hacia el Valle gracias a la facilidad del acceso.
Durante el siglo XVIII y XIX los hacendados realizaban traslados de población negra desde el Valle a las minas del Pacífico cada vez que aumentaban las lluvias en el Pacífico. Cuando este nivel de lluvias disminuía volvían a trasladarse al Valle para trabajar dentro de las haciendas. Con el paso del tiempo, esta costumbre fue adoptada por las propias comunidades, quienes a causa de los constantes desplazamientos habían generado lazos de familiaridad o amistad.
Desde principios del siglo XX sería el crecimiento económico de las ciudades el principal factor para impulsar las oleadas migratorias. A principios de siglo estuvieron motivadas por el trabajo en la construcción de ferrocarriles del Valle; más tarde influirían la violencia política de los 40’s y el auge de la construcción en las décadas de los 50’s, de los 70’s por los Juegos Panamericanos y de los 80’s con el narcotráfico. Pero este factor de la ciudad que atrae trabajadores ha quedado relegado a la ciudad que acoge desplazados de la violencia. Desde los 90’s la mayor impulsora de poblaciones, en una cantidad nunca antes vista, ha sido la violencia en la zona Pacífica.

LP: Además de la violencia por grupos armados, ¿qué expulsa a estas comunidades de la Costa Pacífica?
DMR: Una situación de pobreza y las pocas oportunidades para desarrollarse. Pero sobre todo la violencia de la falta de trabajo con el auge de las grandes empresas. Éstas han monopolizado la explotación de los recursos naturales, tradicionales fuentes de trabajo de las comunidades negras en esta zona. La madera, la pesca, la minería y los cultivos de palma africana en manos de unos cuantos, excluyen y dejan a la gran mayoría sin posibilidades de trabajo.
LP: ¿Cuáles son aquellas características culturales pacíficas que se mantienen vivas en estas comunidades migrantes de Cali?
DMR: Se mantienen vivas expresiones culturales propias de los cultos a los santos cristianos que han funcionado en el Pacífico. Se conservan los arrullos, alabados y cantos a los muertos, rituales propios de su vida en la costa pacífica. Otra gran variedad de rituales aún permanecen vivos en sociedades urbanas negras, sin decir que sea una constante muy expresiva que se reduzca a ciertos espacios.
Conservan incluso la conformación de familias extendidas, propias de su vida en el Pacífico. Familias de gran cantidad de miembros que intercambian solidaridades. Una familia ampliada que se congrega alrededor de una figura ego-genitora como líder y punto de referencia. Esta congregación los conlleva a convivir en el mismo espacio y mantener entre ellos lazos de cooperación muy fuertes. Pero ahora, el mercado laboral y la vida propia urbana les exige un individuo atomizado en lugar de familias extendidas. Cada vez es más difícil y complejo mantener culturas aisladas cuando se ha conformado un círculo cultural de intercambio entre Cali y las sociedades costeñas que ha generado un constante intercambio y mutación cultural tanto caleño como de las comunidades de la Costa Pacífica.
LP: ¿Cómo se caracteriza el “ritual” migratorio?
DMR: En un principio la característica más importante es la expectativa de ciudad. Muchos vienen motivados porque alguien les ha hablado de Cali, pero no la conocen y aún así se atreven a migrar. Se motivan al considerar que en ella se pueden resolver sus problemas, pero a la vez conservan la duda acerca de qué van a encontrar allí. En una segunda instancia, al llegar a la ciudad, se dirigen directamente a lugares de apoyo, familiares, amigos o parientes que los acogen temporalmente mientras consiguen empleo y un lugar para vivir. En un tercer momento los migrantes deben entrar a una fase de adaptación a los espacios urbanos, reconocer la movilización y los ritmos de la ciudad para poder sobrevivir. Y finalmente comienza su trabajo de aculturación, donde deciden transformar rasgos característicos culturales propios como el habla, para poder generar una buena adaptación y convivencia con quienes le rodean. Pero a la vez estos individuos se convierten en alentadores de procesos culturales, pues son aquellos que están haciendo recordar y revivir a sus vecinos aquella cultura materna de su tierra natal.

LP: ¿Cuáles son las principales fuentes de trabajo para estos migrantes?
DMR: Al llegar tienen como expectativa desarrollar todas las posibilidades que les atrajeron hacia la ciudad: trabajo, vivienda, comida, estudio para sus hijos, servicios públicos y de salud, entre otros. Pero se encuentran inmersos en un mercado laboral en el que como prioridad está la sobrevivencia. Servicio doméstico, vigilancia y ventas ambulantes hacen parte de las pocas gamas de trabajo que se le ofrecen a quien llega a Cali a buscar refugio.
LP: ¿Cómo son recibidos por los habitantes de Cali?
DMR: Como ya había mencionado, los migrantes son forjadores de cultura y generan un constante movimiento social que transforma y da vida a la ciudad. Regularmente no se les reconoce estas funciones y por ello comienzan a generarse una serie de discriminaciones étnicas, raciales, culturales y laborales, a pesar de que estemos hablando de una ciudad que como Cali, se resiste a asumir que es una ciudad de inmigrantes, conformada por gran diversidad de etnias y razas. Ante este conflicto, el Grupo Cununo realizó el proceso de Sensibilización sobre la discriminación étnica y racial de las comunidades indígenas y negras de Santiago de Cali.
LP: ¿Cuál ha sido la reacción del gobierno frente a estos procesos migratorios?
DMR: No hay un proceso de acompañamiento y de apoyo. Esta actitud ha generado el crecimiento de la ciudad no planificado. Se han llegado a colmar espacios como Aguablanca y se han generado asentamientos urbanos no planificados en los que se han marginado cientos de familias. Tampoco existen elementos jurídicos, ni institucionales, ni de financiación para asumir las migraciones. Es la propia situación de los migrantes en la ciudad la que, en ocasiones, obliga al gobierno a tomar medidas acerca de los servicios básicos y servicios públicos de estas comunidades. Por lo demás el gobierno prefiere mantenerse al margen de las medidas en contra de las limpiezas sociales que realizan ciertos grupos; no es un facilitador, pero tampoco legisla y controla estos actos.
*Texto tomado del periódico La Palabra

