Por: Hortensia Alaix de Valencia
Provenientes de pueblos cuya antigüedad marcaba el principio de las lenguas, no podían comunicarse entre sí porque les habían borrado los orígenes. Desde entonces, en América, los africanos se dieron a fabricar idiomas con retazos de vocablos donde depositaron sus sentimientos. El español del amo, más que un medio de comunicación, se convirtió en un reservorio donde guardaron su memoria ancestral.
¿Quién de los poetas contemporáneos – escritores, músicos o artistas – pueden cuantificar las vidas, las noches, los sufrimientos, las victorias de los abuelos que sembraron en su sangre la añoranza de África – el baile, la canción y el ritmo de sus dioses – para que el solo palmoteo de un tambor pueda incendiarles rebeliones dormidas?
Esta pregunta tiene respuesta en la interrumpida cadena de sentimientos afrocolombianos.
(Manuel Zapata Olivella, aparte de su introducción al libro Poesía afrocolombiana de Hortensia Alaix de Valencia, de la cual se toma la presente sección de poemas)
De rumba con los dioses.
Que vengan todos los dioses
del panteón africano,
también vengan los cristianos,
los griegos y los romanos;
reunidos en sincretismo
como buenos hermanitos
pa`que inicien esta rumba
que les tengo preparada,
que bailen con los humanos
que somos sus camaradas…
Que inicie el baile Changó
señor de truenos y rayos,
que baile con Santa Bárbara
a quien llaman su tocayo
baile Baco y baile Venus
baile Ogún y Obatalá
también baile Yemayá
con San Isidro el labrador.
Óscar Maturana – Istmina.
Niña Negra.
Naufragio de la luz en la ternura
De su cuerpo que nombra mar y viento
Ánfora de penumbra y movimiento
Para guardar la ola y su dulzura.
Temblor en el andar. Firme y madura
euritmia aprisionada en el momento
de su paso que guía el pensamiento
por caminos de música segura.
Desmayo del crepúsculo en sus manos,
Océano en sus ojos y lejanos
Paisajes de palmera desgarrada.
Y en la boca racimo de luceros
Fruteciendo de cálidos venenos
su risa de lucema evaporada.
Natanael Díaz – Puerto Tejada.
Cristo Negro
¿Por qué no te esculpen negro
si también fuiste azotado,
si estás uncido en la cruz
con los clavos del escarnio
y el desnudo cuerpo cubres
con todos nuestros harapos?
Cristo de los socavones
Peón de zafra y soldado,
Galeotes de las canoas,
Madero del pantano,
Bracero en Buenaventura
¡Y pescador en Tumaco!
En ébano de mis bosques
Tallaría el rostro santo
Y en la peana de piedra,
A manera de epitafio,
Escribiría con sangre:
¡Cristo, rey de los esclavos!
Elías Mantán Góngora, Guápi
Fabla Negra
A Hugo Cuevas Martán
Pejca
Voy a pejcate la luna
pa`que voj pintéj la cuna
der hijo que me daráj.
Que no le sepa tu mamá,
ni tu prima, ni tu heimana,
ni er zambo de tu papá.
Voy a pejcate un lucero
pa`iluminate er sendero
y ar niño que ha de llegá.
Dejá abierta la ventana
pa que te alumbre la cama
cuando voj solita ejtáj.
Er día que nazca mijo,
pa`mojtrate er regocijo
er mar te voy a pejcá,
así manque te muy lejo
er sor en cada reflejo
mi amor te recordará.
No creigaj que yo ejtoy loco
ni que dijvarío un poco.
Lo que te digo ej verdá.
Voy a pejcate una ejtrella
pa`que voj jugéj con ella
y meted la escurrida.
No hace juarta la atarraya
que puse a secá en la playa,
a la sombre der parmá,
poique a la jembra que quiera
le pejco una tintorera
¡Con una mano, no má!
Er mar ej viejo amigo
y cuando sueño contigo
se amansa y pone a cantá.
Er mar sabe que en la proa
sin nombre de mi canoa
tu nombre voy a pintá.
Er mar sabe que no miento,
lo sabe también er viento,
que er cielo te voy a dá
pa mojtrate er regocijo
er día que najca er hijo
que Dioj noj va a regalá.
Helcías Martán Góngora, Guápi.
La negra María Teresa
Oscura de tinta china
era la María Teresa,
pupilas de lumbre mora,
piel de betún y de brea
sonrisa de caña dulce,
su boca de miel de abejas
y las manos como dos
guillotinas negras.
Nunca supieron mis ojos
ola de mar más violenta
danzando la cumbia sólo
se puede pensar en ella
en el trópico vehemente
y oblicuo de sus caderas
como una llama creciente
en el volcán de las piernas.
El alcohol del currulao
la hundía entre las tinieblas,
bajo el vestido los senos
tomaban voz de protesta,
en ataúd de luceros
varoniles por la tierra,
y eran como dos palomas
verse el juego de la herencia
esquivas que no se acercan.
María Teresa jugaba
las manos como culebras
en marejadas de retino,
casi loca, casi eléctrica,
casi infantil, casi bárbara,
entre azogues que envenenan
y era una noche de luna
la sonrisa de la negra.
Prendida de ron podía,
negra, de africana estirpe,
por la sala cumbiambera ,
dengueándose de lujuria
ya de ron ya de canela
ya de guardiente o guarapo,
respirando con las piernas,
iba enseñando las frases
de sus enaguas tremenda.
El “bon bon” de la tambora,
el “chiguí chiguí” que enerva,
el “firulú firulú”
de la flauta nocheriega
y el tien tien de la requinta
pólvora de la demencia,
sabían que era un arriba,
de corazón de arengas.
Ay, ay, que me está quemando
la sangre entre las arterias.
Virgen del Carmen, María,
San Antonio, Santa Elena
la fuerza de la arrechera
y er pícaro rel injuante
que me tiene toa ejtrecha.
Con ese decir atavioso,
turbio como presencia,
entre la hoguera el baile,
mordida por mil flaquezas,
con los brazos entreabiertos
y las manos con dos velas,
se recreaba en la sala
la Negra María Teresa.
Hugo Salazar Valdés – Condoto
Ayoioe
(Cantares de río)
Ayoe panguito bando ayoioe
Aquí te voy dejando, ayoioe
Ayoe panguito ito, ayoioe
Toma mi corazoncito, ayoioe
Mi padre tiene la culpa
que nos casemos los dos, ayoioe
aunque esté bajo la tumba, ayoioe
no te dejaré yo a vos, ayoioe.
Por el ojo de la aguja, ayoioe
yo te mando a saludá, ayoioe
pa`que la gente no sepa, ayaioe
y no nos haga maldá, ayoioe.
Yo soy negra desgraciada, ayoioe
porque no puedo enfretá, ayoioe
porque soy mujer casada, ayoioe
y no me lo personarán, ayoioe.
Mi pecho está en agonía, ayoioe
mi corazón se paró, ayoioe
sólo vuelve a la vida, ayoioe
con un beso de los dos, ayoioe.
Mary Grueso Romero – Guapi
¡Eia Buenaventura!
Eia, elelay, elelay
Buenaventura: puerto – mar
Toco la Kora, canta Oshum
Sus versos de amor y may.
Eia, elelay, elelay
puerto – ola,
puerto de agua y sal.
La bumaranga toca ya,
abobó, abobó,
eia, elelay,
el batuque de los negros
es el batir del tambor.
Puerto ola, puerto mar,
Del Mayombe
el mayombero
es Orisha de ultramar.
La marca de la carimba
Es punto – vuelo
Es punto – olvido
en el mapa de mi piel.
Mayombero
Mayombero,
sin huellas son tus pisadas,
son alas de libertad
¡Eia Buenaventura!
Eia, Eia, Elelay
María Teresa Ramírez – Corinto
Los Ríos
Tu pueblo con los ríos de barro
nos acerca a la edad de los trompos
y las canoas mutiladas.
Ancianos que lograron su guerra
anterior a ese río
deslumbrante
roto en el cauce
de la cruz del sur
soñando con las altas mujeres
que tenían tu edad cuando la ola.
Alfredo Vanín, Guápi

