Por: Fabio Gómez Cardona

Los Emberá
Los Emberá constituyen uno de los casi 80 grupos étnicos que en la actualidad pueblan el territorio colombiano a todo lo ancho y largo de su geografía. Habitan principalmente al occidente de Colombia, en las zonas de selva tropical húmeda, y se encuentran distribuidos en los departamentos de Chocó, Valle del Cauca y Cauca, Antioquia, Quindío, Risaralda y Caldas. También existen asentamientos en Caquetá y Putumayo, así como en Panamá y Ecuador. Según Elsa Astrid Ulloa, su población en Colombia alcanza los 42,000 individuos y en los tres países llega hasta los 46,000. Tradicionalmente, desde la época de la conquista se les ha conocido con el nombre genérico de Chocó, pero ellos se llaman a sí mismos Emberá, que quiere decir gente. En la literatura antropológica también se han utilizado diversas denominaciones que se corresponden con el nombre con el cual generalmente son conocidos en las diversas regiones que habitan. Así, Cholos, Chamíes, Catíos, Epera son otros tantos nombres con los cuales se les identifica. Los Emberá comparten muchos rasgos culturales con los waunana, quienes igualmente pueblan la zona del Pacífico, y sus idiomas están emparentados lingüísticamente. Sostienen relaciones interculturales amistosas con las comunidades negras y conflictivas con los colonos, campesinos y terratenientes, que paulatinamente los han ido despojando de sus territorios ancestrales.
Los Emberá generalmente viven dispersos a lo largo de los ríos, en donde construyen sus tambos, grandes casas palafíticas que pueden albergar a una familia extensa y se relacionan socialmente con parientes que viven más arriba o más abajo, constituyendo así una parentela; esta pauta de asentamiento, que les permite igualmente una gran movilidad (los antropólogos hablan de un seminomadismo) se ha convertido igualmente en una de las estrategias de supervivencia cultural, ya que podría afirmarse que, pese a la violencia de las arremetidas conquistadoras, colonizadoras, “civilizadoras” e integracionistas desatadas contra su cultura a lo largo de más de quinientos años, los Emberá conservan en la actualidad su identidad cultural expresada principalmente en su lengua, en su tradición, en sus costumbres y en las organizaciones regionales que hoy les dan una representación en los diferentes ámbitos de la sociedad colombiana como OREWA, ORIYAC, OIA, ONIC, etc.
Las actividades económicas de mayor prestigio simbólico son la caza y la pesca, pero la principal fuente de su economía la constituye la agricultura de subsistencia; maíz, plátano, arroz y caña son sus productos más importantes, si bien por la presión de la sociedad externa en algunas regiones se cultivan productos para el mercadeo tales como café, cacao y fríjol.
Algunas de las actividades por las cuales los Emberá son conocidos en la sociedad colombiana son las artesanías: cestería, alfarería y tallado en madera; en efecto, los Emberá elaboran una gran cantidad de cestos o canastos en diferentes tamaños y materiales, para diversos propósitos útiles en su vida cotidiana que han alcanzado gran fama en los mercados de artesanías, por la calidad y belleza de su factura; también, aunque ha sido una actividad duramente perseguida por parte de la Iglesia cuya misión deculturadora se ha desarrollado de una manera infame contra los Emberá, tradicionalmente se construyen hermosos recipientes de barro con representaciones de los seres míticos ancestrales; pero el embate principal contra la identidad cultural, por parte de las autoridades eclesiásticas, civiles y policiales, lo ha sufrido la institución que le confiere un sentido de continuidad, de coherencia, de trascendencia a la nación Emberá como es el jaibanismo, los complejos con él asociados, como son la figura del jaibaná, sus objetos tallados en madera como bastones y banquitos, sus cantos e historias míticas y legendarias. El jaibaná es el médico tradicional que cura por medio del dominio sobre los espíritus, por medio del canto, por medio del sueño lúcido; él es el hombre de conocimiento, el hombre verdadero, el que puede ver, relacionarse y dominar el espíritu, la esencia de todas las cosas; el jaibaná está asociado en la cosmovisión de los Emberá, y éste es un rasgo compartido con otras culturas indígenas de Colombia y América, con el jaguar y con el trueno, y es un especialista de lo sagrado, de la comunicación con las entidades espirituales y con el mundo sobrenatural.
En un espacio muy reducido he intentado presentar una síntesis de mis lecturas sobre los Emberá, procurando destacar algunas características culturales interesantes que puede ser ampliada según la bibliografía final; uno de los trabajos más actualizados es el de Elsa Astrid Ulloa, “Los Emberá”, en Geografía Humana de Colombia, Región del Pacífico. También me he guiado por los numerosos e importantes trabajos del profesor Luis Guillermo Vasco, tales como Los Chamí: Situación del indígena en Colombia, Jaibanás: los Verdaderos Hombres, así como otros publicados en su página personal en Internet; y la compilación de relatos de Floresmiro Dogiramá, presentada por Mauricio Pardo: Zroara Nebura: Literatura Oral Emberá.

La Literatura Emberá
En el presente ensayo nos acercamos a la literatura Emberá haciendo referencia al conjunto de textos de la tradición oral, tales como mitos, leyendas, relatos etnohistóricos, cuentos populares, y que constituyen junto con otras prácticas significantes (cantos, rituales, pintura corporal, danzas, tejidos, tallados y arquitectura), el universo simbólico de la cosmovisión de los Emberá.
En el campo de los estudios humanísticos y especialmente en los programas de literatura, se hace urgente y necesario, emprender y desarrollar una investigación sistemática sobre las literaturas indígenas.
El más auténtico patrimonio, nuestro legado más valioso, en el dominio literario, es y ha sido ignorado —salvo contadas excepciones— por la academia y por la sociedad nacional, sumándose así a la nefasta práctica de negación e ignorancia de nuestra realidad pluriétnica, multilingüe y negándose de paso esa riqueza cultural. Colombia cuenta en la actualidad con más de setenta etnias indígenas y más de ochenta lenguas, y cada cultura lleva en su seno una tradición literaria, una memoria, una poética propia, un universo semántico, que nuestras instituciones universitarias no se han atrevido a explorar. Es necesario entender que la inmensa corriente de la tradición oral es la fuente primigenia en donde bebe y se sustenta la literatura de tradición escrita, y que aquélla es tan antigua como el hombre mientras que ésta cuenta tan sólo con unos pocos milenios de historia; historia que tiene sus raíces innegables en el mito, la leyenda, el canto épico y el cuento popular. El hombre está hecho de historias, de relatos, de imágenes y símbolos que le confieren un sentido a la existencia, de sueños y mundos alternativos, virtuales, e imaginarios que complementan el sentido de incompletitud del mundo cotidiano; el hombre está hecho de exploración de las posibilidades, de búsquedas, de eternos interrogantes, a los que trata de dar cuerpo a través de las narraciones de héroes, de dioses, de seres sobrehumanos y subhumanos, de complejas metamorfosis e interacciones entre lo vivo y lo inerte, entre lo vegetal, lo animal y lo humano, entre lo natural y lo sobrenatural, donde pueden ser trascendidos los límites del tiempo y del espacio; y todo eso está allí, en los relatos aparentemente simples —estructuralmente simples—, pero complejos —semánticamente complejos—, en los que nuestras naciones indígenas de raigambre precolombina han estructurado una visión del cosmos, de la sociedad, del hombre, del mundo natural, y del reino de la espiritualidad.
Las narraciones de la tradición oral de los Emberá, nos han llegado gracias a la labor de los antropólogos que han realizado la recopilación, transcripción y publicación de sus trabajos de campo; también los misioneros han hecho recopilaciones de textos míticos, y en los últimos años los equipos de trabajo etnoeducativo de las propias comunidades y organizaciones indígenas se han dado a la tarea de transcribir y dar a conocer en forma impresa sus narraciones tradicionales.
Uno de los trabajos más importantes es la colección de relatos narrados principalmente por Floresmiro Dogiramá con el título Zroara Nebura, Literatura Oral Emberá, compilados por Mauricio Pardo y publicados por el Centro Gaitán de Bogotá en 1984. Se trata de un corpus de 26 narraciones que abarcan desde tradiciones míticas, historias de jaibanás, relatos etnohistóricos, hasta cuentos de animales.
En 1982 la Universidad de Antioquia publicó el libro Relatos Tradicionales de la Cultura Catía, del profesor Luis Fernando Vélez, en donde se han recopilado más de 60 relatos tradicionales, algunos de ellos con transcripciones casi literales de las narraciones hechas por indígenas, pero en otros casos se trata de reconstrucciones y sistematizaciones de relatos basados en las compilaciones realizadas por antropólogos y misioneros, principalmente el padre Severino de Santa Teresa, la madre María de Betania y el padre Constancio Pinto García; dos aspectos muy interesantes de este libro lo constituyen en primer lugar, la intención expresa del profesor Vélez de dar a conocer a un público no especializado, de habla hispana y no indígena, una colección amplia de narraciones tradicionales de los Emberá; en segunda instancia, el que cada relato viene acompañado con notas diversas de tipo informativo y explicativo sobre diversidad de aspectos de la cultura y sobre las fuentes de procedencia de los textos.
El libro a cargo de Hugo Niño Literatura de Colombia Aborigen, publicado en 1978 por el Instituto Colombiano de Cultura, presenta una pequeña colección de relatos recopilados por Fernando Urbina y Luis Guillermo Vasco; pero la principal fuente documental en donde podemos encontrar transcripciones de los textos de la literatura Emberá son los informes etnográficos de los antropólogos que han convivido y trabajado con ellos.

Ya hemos dicho que la literatura de los Emberá consiste principalmente en relatos míticos, narraciones etnohistóricas y legendarias, historias de jaibanás y personificaciones de la naturaleza culturalmente importantes tales como el tigre, el trueno, la serpiente; a través de estos relatos, el hombre Emberá confiere un sentido a la vida e introduce un orden en el mundo que lo rodea, al tiempo que construye, conserva, transmite y socializa una de las principales estrategias de supervivencia cultural como son la memoria, la tradición y la lengua. Las narraciones tradicionales dan cuenta de la lucha del hombre para consolidar su relación con el cosmos, con la naturaleza, con el mundo sobrenatural, con sí mismo y con los demás hombres; se crean y recrean sus concepciones relativas al tiempo y al espacio, y se transmite un universo de saberes, de haceres y valoraciones que constituyen su cosmovisión.
Según los relatos, el universo de los Emberá está constituido en tres niveles principales, los cuales a su vez se dividen en subniveles en el supramundo y en el inframundo hasta conformar ocho niveles. La deidad primordial, sobre la cual se conocen pocos relatos, es Tatzitzetze o Dachisese, quien creó los mundos y de cuya saliva salió el dios Caragabí. Caragabí es el dios de este mundo; por encima del firmamento de sol, luna y estrellas, está el cielo de Caragabí llamado Ntré. Por debajo de este mundo hay cuatro niveles; en el inframundo está Tutruica, adversario de Caragabí y colaborador suyo en las labores de creación de los seres que poblaron el mundo y en la instauración de normas y leyes tanto para el mundo natural y sobrenatural como para el mundo social.
Otros relatos importantes de los Emberá narran la historia del origen del mar, los ríos y las quebradas, a partir de un árbol mítico que fue derribado en los tiempos primordiales; es importante destacar cómo algunos de los motivos míticos de estos relatos comparten rasgos con las mitologías de los pueblos indígenas de la Amazonia y de otras culturas como la Páez; así encontramos personificaciones como la Madre del Monte, la Madre del Agua, los Dueños de los Animales, el Mohán o Mojano y el Espíritu del Trueno, quienes se erigen como personajes principales en infinidad de historias, en donde interactúan con la gente, bien sea castigándolos, ayudándolos u otorgándoles saberes de diversa índole.
Entre los personajes e historias más famosas se destacan la historia de Jinu Poto, el hijo de la pierna, una especie de héroe temible, que se alimentaba de sangre, y quien fue despoblando el universo de monstruos en aventuras donde debía desplazarse a los diferentes niveles del mundo y de paso contribuir en cierta forma a la labor creadora; fue a raíz de su muerte como tuvieron origen las diversas especies de insectos y alimañas chupadores de sangre.
Los relatos etnohistóricos cuentan las historias de los enfrentamientos guerreros de los Emberá en luchas intertribales con los Cuna y los Jurá, pero también la historia de las luchas contra los conquistadores y contra los colonos en las diferentes épocas (por ejemplo la historia de la destrucción de Cartago por un jaibaná o la historia de cómo los españoles exterminaron a los indios).
Dado que un conjunto muy importante de relatos está centrado en narrar historias de jaibanás, y dado el lugar fundamental que el jaibaná ocupa en la sociedad Emberá, voy a presentar a continuación una aproximación al análisis literario de una de estas historias.
Anotaciones para un análisis literario del relato “Ventura”
Se trata del relato de Ventura, narrado por Floresmiro Dogiramá, en la compilación de Mauricio Pardo y del cual se han ocupado Luis Guillermo Vasco y la antropóloga Ariane Deluz, según referencia de Vasco (1985). En aras de la brevedad no me detendré en la explicación de los conceptos propios de la teoría literaria puestos en juego para nuestro análisis.

Narrador y Narratario
El relator es Floresmiro Dogiramá pero como se trata de una historia de tradición oral, éste nos remite a un relator anterior, su abuelo Lucasúniga Dogiramá, quien seguramente debió aprenderlo por la misma vía a uno de sus ancestros, ya que narra un tiempo casi legendario, cuando sus antepasados fueron los primeros en descubrir, explorar y colonizar ese territorio. Por eso el relato comienza con una especie de cita a manera de epígrafe, que al mismo tiempo nos permite ubicar a los personajes de la historia en unos espacios y tiempos determinados.
“Contaba el abuelo Lucasúniga Dogiramá. El primer cholo que llegó a este río, a esta cabecera se llamaba Cancino Dogiramá. Él vivía en cabecera de Bojayá y monteando descubrió la cabecera de este Condoto, del Baudó y del Boroboro. Cancino tenía un primo que se llamaba Ventura. Ventura era un cholo muy duro para pelear”.
Con respecto al rol del narrador en la literatura oral, se puede afirmar que el término apropiado es más bien relator; ya que como narrador podría considerarse al grupo o cultura que produce la historia (esto es un aspecto problemático para la teoría literaria y la narratología, la cual considera diversas instancias de producción textual más o menos abstractas), la cual es por tanto anterior a la persona que la actualiza en una situación determinada.
Por otra parte, la literatura oral no tiene un fin específicamente literario, en el sentido en que es concebida la literatura por la cultura occidental, sino que está integrada de una manera multimedia (con otras actividades tales como rituales, danzas, cantos, trabajos comunitarios); de manera que sin negar tampoco el sentido mágico y lúdico que entraña para los hombres de cualquier edad el mero y simple hecho de sentarse en torno al fuego para escuchar de viva voz las historias contadas por los mayores, veremos cómo estas historias tienen algo de ejemplificante y tratan de normalizar cierto tipo de relaciones entre unos y otros hombres y entre el hombre y su entorno cultural, natural y sobrenatural; resultando así que para una teorización en torno a la literatura oral, narrador y narratario van a ser instancias que se ubican más allá o más acá del discurso mismo. La cultura produce un texto destinado a producir y reproducir la cultura. La historia no sólo cuenta los avatares de unos ciertos personajes, la manera como el héroe se apropia de unos poderes que lo transforman de un hombre común y corriente en un hombre con los conocimientos y el poder que lo capacitan para enfrentar a sus enemigos; sino que también es esta la ocasión propicia para transmitir a los eventuales auditores cierto modo de ser y hacer en el mundo; unos saberes y concepciones socialmente necesarios sobre la naturaleza, la sociedad y el universo, que posibiliten al ser internalizados por los oyentes, la pervivencia de la cultura. Cuando el héroe Ventura es conducido por sus enemigos hasta el otro mundo, el de los espíritus, allí es reconvenido por los habitantes de ese mundo debido a su comportamiento y se le indican las normas de conducta que debe seguir frente a propios y extraños, al tiempo que adquiere los conocimientos y atributos que lo capacitarán para actuar como un hombre de poder en ambos niveles del mundo.
Una explicación más detallada sobre esta funcionalidad de la tradición oral que integra relaciones sociales, de parentesco, patrones de conducta sexual y saberes sobre los diferentes niveles del mundo, puede ser vista cuando nos preguntamos por la cosmovisión que subyace en el relato.
Una interpretación del relato de Ventura podría ser esta: el relato narra la transformación de un hombre común y corriente en un hombre de poder, un jaibaná “verdadero hombre”. Ventura adquiere un dominio sobre elementos mágicos y naturales del mundo que le rodea, gracias a que atraviesa en forma satisfactoria una serie de pruebas a las que es sometido por fuerzas o instancias superiores. Entre estas pruebas podemos contar las siguientes: lucha contra un jaibaná poderoso (Kosasá de Lloró), enfrentamiento y destrucción de los espíritus aliados del jaibaná opositor (Antumiá, el diablo Kirapauaramiá, el Caraverde y Onasí), traslación a otros niveles del mundo donde obtiene sus propios aliados (la madre del puerco de monte, Francisco Dontá) y los conocimientos y consejos que le dan el dominio de los elementos naturales, transformaciones de Ventura en diversos animales por causa de sus enemigos y recuperación de la forma humana (venado y tatabro).
Las ideas subyacentes en el relato y que conciernen a la configuración de la cosmovisión Emberá son:
- Hay varios niveles del mundo además del mundo natural o físico en donde se desarrolla la vida cotidiana. En el relato están claramente definidos el mundo sociocultural cotidiano y el mundo de los espíritus; sin embargo creo que sería posible determinar varios niveles correspondientes al mundo espiritual, que en el relato vendrían expresados por frases como “estar más abajo” o “estar más arriba”; sería posible también establecer una correspondencia entre esos niveles y ciertas instancias del mundo natural tales como clasificaciones de los mundos vegetal, animal y mineral.
- Esos otros mundos o niveles están poblados por espíritus o poderes que pueden establecer relaciones benéficas o malignas con los hombres y su mundo. Estos espíritus pueden estar al servicio de un hombre de gran poder, un jaibaná, y realizar para él determinados trabajos tales como dañar o proteger tanto a otros seres espirituales como a los hombres.
En la historia de Ventura encontramos así manifestados contenidos socialmente necesarios para el acuerdo sobre modos de representación del universo, la sociedad, la naturaleza y sus interrelaciones, así como patrones de conducta social y sexual frente a los elementos naturales y sobrenaturales del mundo. Esta es una de las funciones del relato oral; produce y reproduce, crea y recrea lo culturalmente necesario. En la literatura de tradición oral encontramos también las fuentes primigenias de la imaginación y de la fantasía creadoras, los símbolos y arquetipos, las imágenes y motivos que enriquecen nuestro mundo brindándonos la posibilidad de soñar y crear a través de la palabra, mundos alternativos y posibles no menos reales que el mundo cotidiano; se trata de acceder a la pluralidad de dimensiones que trascienden la univocidad del mundo pragmático y descubrir otras posibilidades de ser, de hacer y de interactuar con el reino de las esencias, el sueño y la sabiduría.
Los espíritus tienen “entraderos” o sitios a través de los cuales pueden desplazarse entre los niveles del mundo. Los entraderos están ubicados en las orillas de los ríos o en sitios especiales como charcos del mismo río. Los hombres pueden ser transportados hacia otros niveles del mundo por un espíritu a través de esos entraderos. Hay restricciones que los hombres deben tener en cuenta al desplazarse en vida por el otro mundo, so pena de no poder regresar. Entre esas restricciones podemos mencionar no recibir alimentos ni bebidas hasta cierto límite, procedentes de los seres de ese otro mundo, no utilizar algunos elementos de ese mundo, tales como plantas y perfumes. En caso de haber sido transformado en animal, abstenerse de consumir los alimentos propios de ese animal, porque no recobraría la forma humana. Por el contrario, un hombre puede recibir obsequios a manera de poderes de los espíritus del otro mundo para ser traídos hasta el nivel humano. Estos obsequios pueden consistir en piezas de caza, objetos mágicos y bastones de los jaibaná.
Otras particularidades interesantes en la relación entre el mundo humano y el mundo de los espíritus que se pueden apreciar en el relato de Ventura tienen que ver con una cierta forma invertida, distorsionada o diferente de ver e interpretar los fenómenos. Por ejemplo, en el mundo de los espíritus, los humanos vivos (como Ventura) son portadores de un hedor. Por un breve lapso, un hombre es invisible al regresar del otro mundo y puede ser percibido por su perfume. En el otro mundo, algunos seres comen con el ano. El consumo de una mínima cantidad de bebida embriaga a un hombre procedente del nivel humano. Las realidades son diferentes en los dos niveles y, por lo tanto, las visiones que tienen de las cosas los hombres y los espíritus. Por ejemplo, lo que para los hombres es un cuchillo o un machete, para los espíritus es una culebra. Lo que en la visión humana de Ventura es una serpiente, los espíritus dicen que es solo un puente. Un hombre puede engendrar en una mujer del otro mundo sin tener contacto sexual con ella, es decir, solo a través del pensamiento o por consumir el alimento de ella. Un jaibaná poderoso puede adoptar la forma de otro ser humano para realizar un trabajo. Puede transformar a un ser humano en animal o puede regresar a su forma natural a un ser humano que ha sido transformado en animal.

