Por Gustavo Bueno

El visitante
A las ocho de la mañana los fogones, en el Parque del Chontaduro, empiezan a hervir con esos deliciosos frutos traídos de Buenaventura y los pueblos aledaños. A las nueve, empiezan a llegar las gentes de los barrios que limitan con el parque: Bueno Madrid, Berlín, Popular, Bolivariano, La Isla, y todos aquellos que los atraviesa el río. A las nueve y treinta, y casi todas las mañanas, aparece un joven flaco, alto, de pelo medio crespo, de unos veinte años, con cara de universitario que lleva un termo de café.
Caminando siempre sin afán, como dejándose llevar por la brisa que a esa hora llega al parque, el joven se dirige a alguno de los puestos de chontaduro, que apenas se encuentran abriendo sus puertas y colgando los racimos en las paredes o en las columnas de madera que sostienen los techos, escoge algunos, mientras la vendedora los va pelando y los va empacando en una bolsa plástica. Después de seleccionar los chontaduros, el joven se sienta en la acera para esperar el bus que lo llevará a su destino, mientras se los come acompañados del cafecito del termo.
La pequeña isla negra
Su calle empedrada, la salsa y el currulao que suenan a todo volumen y se confunden en el aire con el olor del chontaduro y del pescado, y el río que lo separa del Parque del Avión, hacen pensar que cuando uno camina por el Parque del Chontaduro, esté pasando por algún barrio de Buenaventura. Esta pequeña isla negra, ubicada en la carrera 5.ª con calle 34 hace más de treinta años, se ha convertido en una ventana cultural del Pacífico colombiano porque en este lugar el negro hace y deshace, manteniendo su línea sin torcerla, mostrando constantemente su alegría que lo caracteriza y lo diferencia de las demás razas. Razas que convergen diariamente en esta isla negra para disfrutar de un delicioso sancocho de pescado, de un súper jugo de borojó o de un rico chontaduro o, simplemente, para contagiarse de la felicidad que emerge del río, que luego se cuela en el cuerpo y te pone a cantar o a bailar, porque en este lugar, como dice la canción de Peregoyo, se aspira siempre la brisa pura.
La protagonista del chontaduro
“Mi nombre es Romelia Cagiao, nací en 1927, yo soy fundadora del parque, yo soy la protagonista del chontaduro”, dice, mientras se acaricia las manos y pone en orden su memoria para no omitirle ningún detalle a la grabadora. Doña Romelia, curiosamente, nació y se crió en Cali, en el barrio Santander. Desde muy niña, su madre la llevaba a vender frutas en la única galería de la ciudad (en donde queda hoy el Palacio de Justicia), desde entonces ella no ha dejado de trabajar. “Cuando ya estaba más grandecita, me iba a vender fruta y chontaduro al Pailón, en donde hoy en día es Juanchito, todo eso eran fincas, pero ese chontaduro no era tan bueno”. Un día, cuenta doña Romelia, vio a una mujer que venía con unos bultos de chontaduro, “a ella le decían la Chola, hoy en día ya murió y yo nunca supe su nombre. Ella traía un chontaduro hermoso, grande, grande y yo le pregunté que qué era lo que iba a hacer con eso, y ella me dijo que era para dárselo de comer a unos marranos que ella tenía. Y yo le dije, ¡mami usted está botando la plata!, ¡usted lo que tiene es plata ahí!”. Doña Romelia le compró los bultos cada uno a 10 centavos, los arregló, es decir, los brilló con un pedazo de gordo que un amigo carnicero le regaló y los vendió por manotadas a centavo. “Los chontaduros volaron”.

El chontaduro es traído de Sabaletas, en esa época venía en tren o en flota Sotralmar que luego fue vendida a Flota Magdalena y lo descargaban en la esquina de la 12 con 9.ª en donde es el Aristi. Los puestos de chontaduro estaban distribuidos entre la calle 10 y la 12. En este lugar los vendedores tenían continuos enfrentamientos con la policía, querían desalojarlos. “Yo estuve presa varias veces, nos metían a la cárcel por trabajar”. De la 10, los chontadureros fueron trasladados a la 16; doña Romelia no quiso cambiarse de sitio porque consideraba que ese era un sector muy peligroso. Luego hubo una carestía de chontaduro, la flota no volvió a pasar por el centro, “duramos como cinco días sin un centavo”. Pero la suerte le sonrió: “Un día yo ya venía para mi casa cuando vi la flota, entonces yo me bajé del bus para mirar pa’ dónde cogía, la flota se metió para acá. Todo esto era lleno de monte”, dice mientras señala la cancha de Bueno Madrid. “Cuando vi que la flota paró por allá y era que se estaban viniendo a descargar acá. De ahí entonces yo ya me vine para acá y detrás mío todos los otros compañeros que se hacían conmigo en el centro y aquí ya llevamos 32 años”.
La idea, según doña Romelia, “es poner el parque bien bonito, aunque ya han venido como cincuenta veces a medir la calle y nada que la pavimentan”. Doña Romelia termina de contarle la historia del parque a la grabadora, pero antes de pararse anota con profundo orgullo: “aquí viene mucha gente, de todas partes, el otro día vinieron de Estados Unidos de América a hacerme un reportaje, aunque ya me han hecho varios”. Y aparte de los reportajes, la protagonista del chontaduro tiene una estatua que reposa en el Club San Fernando. “Yo no la conozco, porque el día en que me iban a hacer el personaje me enfermé y no pude ir y no la he pedido porque no hay dónde ponerla”.
Extraña costumbre
A pesar de ser un sector peligroso de la ciudad, en el Parque del Chontaduro no hay ladrones, es quizá uno de los lugares más seguros de la ciudad. Desde muy temprano hasta muy entrada la noche la gente lo visita, como aquel joven flaco, que se sienta en la acera con su termo de café para acompañar el chontaduro que acaba de comprar. Se sienta y se lo come lentamente, saboreando cada pedazo que muerde, mascándolo bien como si tuviera todo el tiempo del mundo.
El joven es estudiante del Sena; a pesar de no tener todo el tiempo del mundo, a veces por la mañana hace una pausa antes de la clase para comerse su extraño desayuno y al explicar por qué lo hace, encuentra sólo la siguiente justificación:
—Desde pequeño lo hago, mi abuela me acostumbró a hacerlo, casi siempre de desayuno me daba chontaduro con café y a mí se me quedó de vicio.
Pescado en salsa de chontaduro
Ingredientes para 4 personas:
- 1 lb. de bagre, pargo o cualquier otro pescado partido en rodajas
- 2 chontaduros cocidos y pelados
- 1 taza de refrito preparado con las verduras y los condimentos
- 2 papas peladas y partidas en rodajas
- 1 zanahoria pequeña en rodajas
- Hierbas de azotea al gusto
Preparación: Se ponen las papas en un recipiente y sobre ellas el pescado; enseguida el refrito, las hierbas y la zanahoria.
Se licúan los chontaduros en una taza de agua, se agregan a la preparación y se dejan cocinar unos veinticinco minutos.
Sírvase con ensalada verde.

