Un Tejada Pacífico

Por: Germán Patiño Ossa

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Hernando Tejada nació el 3 de febrero de 1924 en Pereira, en una aldea cafetera del occidente colombiano, que a diferencia de otros pueblos de montaña tiende hacia el río Cauca y posee temperamento de tierra caliente. Cuando Tejada nació, una flota de barcos de vapor navegaba en el Cauca y unían La Virginia, Puerto Pereirano, con Juanchito, donde quedaba el muelle terminal del viaje. En su infancia debió escuchar, junto a los cuentos de arrieros propios de los pueblos antioqueños, historias de marinería fluvial que le hablaban de una ciudad cálida al pie de los cerros y al lado de un río. Pero entonces no podía saber que su destino quedaba río arriba, en cercanías al mar y, de todas maneras, no muy lejos de su montaña natal. Otras voces dominaban el ámbito y con seguridad la vida comercial propia de esas regiones llenaba la mayor parte de su tiempo. Extraordinario: Tejada comenzó a dibujar, muy niño, pese al evidente atractivo que posee el mundo agitado y práctico del comercio. Contrariando la herencia directa paterna, el niño atendió a los llamados atávicos de otras influencias y desde temprano mostró su inclinación por las labores artísticas. Tanto, que su padre, aun queriéndolo comerciante, le obsequió un tablero para que en él copiara las caricaturas de Ricardo Rendón, su primer maestro.

Luego de una corta estadía en Manizales los Tejada se ubicaron en Cali. La capital del Valle era un poblado tranquilo de escasos 50.000 habitantes dedicados a labores pastoriles en las fincas de las cercanías, aunque ya un núcleo de comerciantes industriales desplegaba actividades con el comercio exterior y con la producción manufacturera, que auguraba mejores días para la ciudad. Pero este pueblo de provincia mostraba una sorprendente actividad cultural: dos grandes teatros, el Municipal y el Jorge Isaacs; un conservatorio, una escuela de bellas artes y una tradición literaria de los mayores centros urbanos. En este ambiente Tejada realizó sus estudios de bachillerato primero y luego inició sus estudios en bellas artes. Pero sobre todo, forjó amistades que le servirían para toda la vida y aprendió, tal vez por contagio del carácter tranquilo y alegre de los caleños de entonces, a contemplar los acontecimientos cotidianos, tanto ordinarios como trascendentales, con sentido del humor y espíritu burlón.

Pero la capital del Valle le reservaba una experiencia vital que le sería decisiva para la forja de su arte: lo puso en contacto con el mar Pacífico. Tejada vivió por largos periodos en diversas regiones del litoral y resulta difícil explicar esa experiencia para quien no ha estado allá con asiduidad. No hay naturaleza más agresiva y exuberante que aquélla. Las tierras bajas del occidente colombiano constituyen un mundo de calor y humedad de tal concentración que se puede casi percibir la reproducción de la vida a cada instante. No hay nada medido en el Pacífico, todo es desbordado y sorprendente, pese a la existencia de instantes de calma y de serena belleza. El clima, la selva, el mar y los ríos poseen allí una presencia abrumadora que sume en la insignificancia cualquier pretensión humana. Puedes contemplar los ríos devueltos hacia su nacimiento, corriendo río arriba, por efecto de la fuerza de la pleamar, o despertarte en la madrugada porque las aguas del Dagua están incendiadas en virtud de un derrame de gasolina proveniente de una locomotora descarrilada —explicación que no tendrás al instante— o escuchar los cantos de las ballenas en el mar de Gorgona como si fueran sirenas que te llaman, o perderte en los meandros de tu propia conciencia alucinando por el aguardiente recién destilado o transportado por la música de un currulao cualquiera.

"Los Pescadores" Madera Pintada 1993
“Los Pescadores” Madera Pintada 1993

Todo el aire de pompa se pierde en el Pacífico. Tejada, que ya era ajeno a esa tara, ganó en libertad y afianzó su creencia en el valor de la gracia y en el sentido hedonista de su arte. Como el Tuerto López apreció el significado del esguince y de la cabriola, supo de la mofa y el guiño, también formas de expresión del hombre, que pueden tener tanto o más significado que la melancolía, la ira o la nostalgia. Frente al mundo monumental del mar del Sur supo que las pasiones tormentosas del alma humana no podían conducir más que a la tragedia y que sólo el carácter gentil asociado a los simples de corazón, los niños y los sabios, permite alcanzar la felicidad. Luego de este recorrido se puede apreciar por qué los años sesenta en Cali fueron una fiesta permanente para el pintor, por qué lo condujeron a sus mujeres de fantasía, que dejaron sin palabras y con ceño fruncido a tanto crítico necio.

En el Pacífico descubre el poder expresivo de la madera, verá cómo los árboles se convierten en canoas y cómo estas canoas se convierten en mujeres: La Lulú, La Niña Lola, La Celosa, serán algunos de los últimos nombres de estos vehículos en los que cabalgan los hombres del litoral. La selva es madera, pero también la aldea lo es, las casas son de madera; en la cocina bateas, cubiertos y aun vasos se labran de madera, y en las horas muertas los viejos esculpen en madera las partes de la marimba, de los cununos, de las flautas y los guasás, para que las fiestas se hagan del sonido de la madera. Hasta los hombres y las mujeres poseen complexión estatuaria, como si fueran construidos en troncos de madera fina.

Pero Tejada necesitará de otro elemento de la cultura negra, la oralidad, antes de combinar la pintura con la playa saliéndose de un molde del óleo sobre lienzo, tras la impactante visión de los mundos de la negritud colombiana. Tejada se encontraba con los rostros de negros que inundan sus cuadernos de apuntes y no necesitará la perspectiva del historiador, pues la realidad que lo conmueve se encuentra al alcance de sus posibilidades. El Pacífico está muy cerca de Cali con su exuberancia de selva húmeda tropical y sus negros de figuras maravillosas, pero Tejada será hechizado por el mar de Tumaco, de la isla de Bocagrande y de las playas de Mulatos. Como los antepasados franceses de Helcías Martán, Tejada encontrará su alma perdida en los ríos, esteros y manglares del mar de Balboa. Tejada nos dejó maravillados con un manglar en medio del laberinto de las raíces retorcidas que esconden una multitud de seres vivos, es un homenaje a la vida y a las tierras bajas del Pacífico colombiano. Como es un canto a la ternura la imagen de una bella negra acariciando un gato en una playa de Tumaco, al final nos quedamos pensando si toda la obra de Tejada no es también una canción, una especie de bolero interminable, cálido y sentimental, cantado por una mulata esculpida en el tallo de una palma de chonta.

Créditos

MUNICIPIO SANTIAGO DE CALI
Alcalde
John Maro Rodríguez
Secretaria de Cultura y Turismo
Maria Victoria Barrios de Gómez

UNIVERSIDAD DEL VALLE
Rector
Oscar Rojas Rentería
Decano de Humanidades
Darío Henao Restrepo

REVISTA PACÍFICO SUR
Facultad de Humanidades
Número 1- Agosto de 2002
ISSN 1692-1011

DIRECCIÓN
Darío Henao Restrepo
Víctor Mario Estrada Ospina

CONSEJO EDITORIAL
Francisco Zuluaga
Fabio Martínez
Elkin Salcedo
Omar Díaz

Alfredo Vanín
Jesús Glay Mejía
Víctor Mario Estrada Ospina
Darío Henao Restrepo
Luis Valdivia

COLABORADORES
Fabio Martínez
Alejandro Ulloa
Fabio Gómez
Hortensia Alaix de Valencia
Antonio Montaña
Juan Carlos Moyano Ortiz
Germán Patiño Ossa
Oscar Olarte
Alfredo Vanín
Luis Aníbal Méndez Paz
Gustavo Bueno
Francisco Zuluaga
Angela María Osorio

ASISTENTE EDITORIAL
Omar Felipe Becerra O.

CORRECCIÓN DE TEXTOS
Carmen Helena Moncada

DISEÑO Y DIAGRAMACIÓN
Taller Creativo Ltda.
Cali - Colombia

PORTADA
Serie del Pacífico tallada en madera 1991
Hernando Tejada

FOTOGRAFÍAS
Carlos Arias
Jhon Jairo Álvarez
Archivo La Palabra
Archivo el País

ILUSTRACIONES
Hernando Tejada (q.e.p.d)
Darío F. Bolivar Gómez

IMPRESIÓN
Feriva S.A.
Cl 18 No. 3-33
P.B.X: 8831595
Cali- Colombia

Créditos

MUNICIPIO SANTIAGO DE CALI
Alcalde
John Maro Rodríguez
Secretaria de Cultura y Turismo
Maria Victoria Barrios de Gómez

UNIVERSIDAD DEL VALLE
Rector
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Número 1- Agosto de 2002
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Hernando Tejada

FOTOGRAFÍAS
Carlos Arias
Jhon Jairo Álvarez
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